Hábitos que dan vida – Parte 3 – Radios Fráter
  • julio 11, 2019

Hábitos que dan vida – Parte 3

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Hemos estado estudiando una serie llamada “Hábitos que dan vida”, porque hay hábitos que dan muerte. Quienes ingieren alcohol, quienes fuman, quienes comen inadecuadamente pueden sufrir consecuencias.

Los hábitos son importantes porque terminan por formar un estilo de vida. Todo lo que hacemos día con día, es la suma de hábitos que hemos desarrollado y que realizamos de forma inconsciente. Todo lo que hacemos día a día de forma inconsciente, primero fue algo que realizamos de forma consciente y repetitivamente, hasta que se convirtió en parte de nosotros. Entonces, la suma de nuestros hábitos, se convierten en nuestro estilo de vida.

Alguien dijo: “Un hábito es la repetición reiterada de una conducta, que se repite sistemáticamente formando parte de la vida misma de quien lo ostenta. Los hábitos no se heredan, no requieren del uso del raciocinio y se aprenden por ejercicio, ya que nadie nace con un hábito.”

Un hábito nos simplifica la vida. Nos permite hacer múltiples cosas sin pensar en ello. Pero un hábito, puede ser constructivo o destructivo. Un hábito, puede traer vida o muerte. ¿A qué somos llamados entonces? A formar hábitos de vida que construyan nuestra vida, nuestra relación con Dios y nuestra relación con el prójimo.

Todo creyente, debe formar hábitos de vida, que le permitan establecer un estilo de vida que honre a Dios. Todo hábito se forma con acciones que repetimos conscientemente y constantemente, para que luego se realicen inconscientemente y constantemente. Ellos terminan por ser nuestro estilo de vida.

La semana pasada dijimos que debíamos establecer cuatro hábitos, el hábito de congregarse, de buscar la paz, de pensar sólo lo que sea excelente o merezca elogio y de decidir pensando en las consecuencias.

¿Se está congregando en una célula y fielmente vendrá los fines de semana?, ¿Buscó la paz en cada interacción que tuvo?, ¿Pensó sólo en lo que es excelente o merece elogio? Y ¿Decidió cada momento pensando en las consecuencias?

Los hábitos no se establecen pensando, sino repitiendo la misma acción vez tras vez, hasta que la acción se convierte en algo automático para su vida. Si no puso en práctica estos cuatro hábitos, comience esta semana.

Establezca el hábito de predicar el evangelio.

2 Timoteo 4:1 dice: “En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: 2 Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. 3 Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. 4 Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos. 5 Tú, por el contrario, sé prudente en todas las circunstancias, soporta los sufrimientos, dedícate a la evangelización; cumple con los deberes de tu ministerio.”

Lucas 24:46 dice: “—Esto es lo que está escrito —les explicó—: que el Cristo padecerá y resucitará al tercer día, 47 y en su nombre se predicarán el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén. 48 Ustedes son testigos de estas cosas.”

Evangelizar es proclamar a Jesucristo como el salvador de nuestros pecados y nuestra reconciliación con el Padre Dios, para que otros crean y se arrepientan de sus pecados.

Al igual que Timoteo, evangelizamos aún en medio de los sufrimientos y no sólo cuando las cosas van bien.

En cada conversación que tenga, predique la Palabra y a Jesucristo el salvador de nuestros pecados.

Establezca el hábito de hablar para edificar y bendecir.

Efesios 4:29 dice: “Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan. 30 No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención.”

Proverbios 17:28 dice: “Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca.”

Colosenses 4:5 dice: “Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. 6 Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.”

Somos llamados a evitar toda conversación obscena, tanto a iniciarla como a sostenerla.

Somos llamados a hablar sólo si nuestras palabras edifican y bendicen a quienes escuchan.

En donde quiera que esté, hable sólo si va a edificar y a bendecir.


Establezca el hábito de sacar primero la viga en su ojo antes que intentar sacar la paja en otros.

Mateo 7:3 dice: “»¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? 4 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo? 5 ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.”

Solemos ser terribles para juzgar a otros y tan suaves para juzgarnos a nosotros.

Si solo vemos la astilla en el ojo de otros, pero no nuestra viga, jamás podremos ayudar, sino sólo condenar a los demás.

Únase a los Grupos de Libertad los domingos por la mañana o miércoles por la noche y saque la viga de su ojo.

Si necesita emociones saludables, relaciones sanas, pureza sexual o libertad de adicciones, participe de los Grupos de Libertad. Inicia con una reunión grupal y luego en mesas separados hombres y mujeres. En La Fráter Ciudad San Cristóbal, los domingos a las 8 a.m. en el segundo nivel de La Conexión. O en La Fráter Roosevelt, los miércoles a las 7 p.m. en el Auditórium Menor.
Establezca el hábito de tratar a los demás como desea ser tratado.

Mateo 7:12 dice: “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas.”

“Yo no me meto con nadie, que nadie se meta conmigo”, suena bien, pero no es una respuesta bíblica. No somos llamados a tener una actitud pasiva, sino activa ante los demás.

No basta con no lastimar, hay que curar al herido. No basta con no robar, hay que ayudar al necesitado.

Póngale su rostro al rostro de los demás y trátelos así. En las buenas y en las malas, trate a los demás tal y como usted desearía ser tratado en esa situación.

El desafío de esta regla de Oro, no es saberla, sino vivirla, aunque los demás no sean recíprocos con nosotros. Tratamos como deseamos ser tratados, sin importar cómo nos traten.

Ningún hábito y sólo la fe en el sacrificio de Jesús en la cruz, salvan.

Efesios 2:1 dice: “En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, 2 en los cuales andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia. 3 En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios. 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, 5 nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! 6 Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, 7 para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. 8 Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, 9 no por obras, para que nadie se jacte.”

 

 

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