La oración del justo ( Código – 2019 032 ) – Radios Fráter
  • febrero 1, 2019

La oración del justo ( Código – 2019 032 )

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Entre los cristianos hay una creencia errónea. Muchos creen que los cristianos no atraviesan aflicciones y momentos difíciles. Pero la Biblia no dice eso. Pablo, usado e inspirado por Dios para escribir la gran mayoría de cartas del Nuevo Testamento, pasó momentos muy difíciles. 2 Corintios 11:24 dice: “Cinco veces recibí de los judíos los treinta y nueve azotes. 25 Tres veces me golpearon con varas, una vez me apedrearon, tres veces naufragué, y pasé un día y una noche como náufrago en alta mar. 26 Mi vida ha sido un continuo ir y venir de un sitio a otro; en peligros de ríos, peligros de bandidos, peligros de parte de mis compatriotas, peligros a manos de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el campo, peligros en el mar y peligros de parte de falsos hermanos. 27 He pasado muchos trabajos y fatigas, y muchas veces me he quedado sin dormir; he sufrido hambre y sed, y muchas veces me he quedado en ayunas; he sufrido frío y desnudez. 28 Y como si fuera poco, cada día pesa sobre mí la preocupación por todas las iglesias.”

Pablo vivió peligros en el mar, en la naturaleza, pero también a manos de quienes se hacían llamar hermanos en la fe. Pero Pablo no se está quejando, sino está contando lo que pasa por la preocupación por las iglesias. Tenemos que tener claro que en nuestra vida tendremos aflicciones, pero no debemos reclamar porque en medio de esas tribulaciones, Dios está manifestando su amor.

Romanos 8:31 dice: “¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas? 33 ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. 35 ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? 36 Así está escrito: «Por tu causa siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!» 37 Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, 39 ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.”

¿Qué hacer entonces cuando los problemas y las aflicciones llegan? Leamos ya una de las últimas porciones del libro de Santiago que hemos venido estudiando y encontremos la respuesta. Santiago 5:13 dice: “¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore. ¿Está alguno de buen ánimo? Que cante alabanzas.14 ¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. 15 La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y si ha pecado, su pecado se le perdonará. 16 Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz. 17 Elías era un hombre con debilidades como las nuestras. Con fervor oró que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y medio. 18 Volvió a orar, y el cielo dio su lluvia y la tierra produjo sus frutos.”

¿Cuándo debemos orar? En la aflicción. El versículo 13a dice: “¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore.” La comunicación en los momentos difíciles es vital para mantener la fortaleza. El enemigo sabes que debe interrumpir esa comunicación para debilitarnos. No esperemos el día de venir a la iglesia, lo podemos hacer en la casa, en el carro, donde estemos.

Santiago también dice ¿está alguno de buen ánimo? Que cante alabanzas. No dice cuando estamos sin problemas, sino cuando estamos de buen ánimo. El buen ánimo no se refiere a las circunstancias externas, sino al buen ánimo del corazón que uno puede tener, ya sea en las buenas o en las malas. Recuerde que la adoración y la oración a Dios están íntimamente ligadas una con la otra. Cuando oramos alabamos a Dios y cuando alabamos a Dios, oramos.

Pablo y Silas estaban presos. Pero aún ahí, tenían buen ánimo y cantaron alabanzas. No cantaron para ser liberados, pero fueron liberados. Cantaron porque habían sido liberados del pecado, Jesús era su Salvador y nada importaba más que eso. Vivían para cumplir su voluntad. Lo más impresionante no fue que las puertas se abrieron, sino que, en medio del calabozo, ¡adoraron! Hechos 16:22 dice: “Entonces la multitud se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados mandaron que les arrancaran la ropa y los azotaran. 23 Después de darles muchos golpes, los echaron en la cárcel, y ordenaron al carcelero que los custodiara con la mayor seguridad. 24 Al recibir tal orden, éste los metió en el calabozo interior y les sujetó los pies en el cepo. 25 A eso de la medianoche, Pablo y Silas se pusieron a orar y a cantar himnos a Dios, y los otros presos los escuchaban. 26 De repente se produjo un terremoto tan fuerte que la cárcel se estremeció hasta sus cimientos. Al instante se abrieron todas las puertas y a los presos se les soltaron las cadenas.”

En medio de su buen ánimo, sin importar las circunstancias sean estas buena o malas, cante y ore a Dios nuestro Señor.

También debemos orar en la enfermedad. La enfermedad también entra en la repuesta a la primera pregunta que hace Santiago ¿Está afligido alguno entre ustedes? Por qué entonces pregunta ¿Está enfermo alguno de ustedes? Precisamente porque quiere enseñarles lo que deben hacer en medio de la aflicción de la enfermedad. Veamos entonces qué aprendemos de Santiago sobre el orar por los enfermos.

Lo que aprendemos de Santiago sobre el orar por los enfermos es que los ancianos deben orar y ungir con aceite a los enfermos en el nombre del Señor. El versículo 14 dice: “¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor.” Recuerde que el orar en el nombre de Jesús conlleva la autoridad de Jesús mismo.

Santiago también dice: “La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará.” El énfasis es la oración de fe y no la unción con aceite, la que sana al enfermo y lo levanta.
La oración levanta al enfermo de la cama, le devuelve las energías que una persona sana experimenta. El aceite en sí no tiene ningún poder espiritual. Hay quienes ungen las casas cuando hay manifestaciones del mundo oculto, a personas cuando los nombran a un puesto en la congregación o las cosas nuevas que compran. Pero no existe ninguna base bíblica en todo el Nuevo Testamento para ungir personas o cosas para cualquier otro propósito. Debemos ungir con aceite únicamente a los enfermos y si no hay aceite a la mano, recordemos que es la oración de fe, no el aceite, el que sanará al enfermo.

En el Antiguo Testamento la unción simbolizaba la consagración de personas o cosas para el uso y servicio divino. Mientras los ancianos oraban, ungían con aceite a la persona para simbolizar que está persona estaba siendo apartada o consagrada para el cuidado especial y atención de Dios. Por esto ungimos con aceite únicamente a los enfermos, para que el Espíritu Santo obre un milagro en sus vidas.

También aprendemos “Y si ha pecado, su pecado se le perdonará. 16 Por eso, confiésense unos a otros sus pecados”. En ocasiones el pecado es el que produce las enfermedades.
El pecado sí puede producir enfermedades, pero no es la causa de todas las enfermedades. Por eso Santiago dice “Y si ha pecado…” no porque está en pecado. Si vemos el contexto en Santiago los pecados eran la lengua, el orgullo, el egoísmo y otros problemas de la naturaleza pecaminosa. La oración que trae sanidad también va de la mano con confesar los errores que hemos cometido contra otros para pedirles perdón y buscar la reconciliación. El concepto aquí no es confesarle su pecado a otro, sino confesarle su pecado al que usted afectó directamente con la lengua, orgullo o egoísmo.

Santiago nos enseña que también podemos y debemos orar unos por otros. “Y oren unos por otros, para que sean sanados.” Aunque vemos al inicio del pasaje que debe llamarse a los ancianos para que oren por el enfermo, Santiago nos exhorta a orar unos por otros para que sean sanados. No existen cristianos de categoría A, B o C. Aquellos que tienen un contacto más íntimo y por lo tanto privilegios especiales con Dios. Todos tenemos el mismo poder por medio de la oración. No debemos caer entonces en un paternalismo espiritual y buscar que fulano o zutano ore por mí. Todo creyente puede orar por mí y Dios hacer la obra en mi vida.

“La oración del justo es poderosa y eficaz.” Fuimos justificados por Cristo al morir y resucitar por nuestros pecados. Todo el asunto de Santiago es que, en las aflicciones, en los momentos de buen ánimo a pesar de las situaciones y en la enfermedad, la oración tiene poder y es eficaz. Al orar no estamos verbalizando nuestros deseos al aire, estamos orando a Dios nuestro Creador quien todo lo puede y quien nos escucha. La telefonía terrenal se satura y dice “No se puede realizar la llamada en este momento, la red está congestionada”. Esto nunca pasa con Dios nuestro Señor. En medio de la aflicción Dios siempre nos escucha.

Santiago cuenta la historia de Elías. “Elías era un hombre con debilidades como las nuestras. Con fervor oró que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y medio. 18 Volvió a orar, y el cielo dio su lluvia y la tierra produjo sus frutos.” Elías era un hombre justo, un hombre con debilidades, que oró con fervor Dios lo escuchó. Dios también escucha la oración de los hombres que le oran con un corazón justo, con fervor y con la fe puesta en él. Justos no porque nunca hayan pecado, sino porque en Cristo, su muerte y resurrección, son declarados justos.

Algo que debemos entender que Dios no creó la enfermedad, entró por la desobediencia de Adán y Eva.

Marcos 16:17 dice: “Estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán en nuevas lenguas; 18 tomarán en sus manos serpientes; y cuando beban algo venenoso, no les hará daño alguno; pondrán las manos sobre los enfermos, y éstos recobrarán la salud.”

La enfermedad no es por falta de fe, eso pasa porque este mundo está caído. Cuando la muerte entró, también entró la enfermedad. Muchas personas piden con fe y sin dudar y, aun así, no reciben su milagro. Esto no es falta de fe. De hecho, Dios sanó a personas por la fe de otros y no la de ellos. Esta es una excusa muy fácil que aquellos que declaran que en Jesús todos deben ser sanos y vivir como el cielo exclaman: “Si sana es Dios y si no sana es falta de fe” y esto no es así.

En Dios hay sanidad, pero muchas veces no todos los enfermos sanarán, no estamos en el cielo, sólo allá habrá sanidad absoluta pues tendremos un cuerpo celestial como el de Cristo resucitado. Siga orando hasta el fin. Hasta que vea su milagro, hasta que Dios lo llame a su presencia y porque mantenga la fe en todo momento. Como dijo Pablo ¿Quién nos podrá separar del amor de Dios? Hoy experimentamos el ya, pero todavía no.
Un amigo me llamó para contarme que su esposa tenía cáncer. Los acompañé en todo el proceso, pero su fe estaba en Dios y en su voluntad. Él estaba convencido que Dios es soberano. Apocalipsis 21:4 dice: “Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.”

Incluso todo enfermo que sana y reciba su milagro un día morirá. A pesar que Dios sane al enfermo no vivirá para siempre. Por eso, cuando oremos por alguien debemos preguntarle a las personas si han reconocido a Jesús como salvador, esa es la sanidad más importante.

Por eso sanos o enfermos, permanezcamos fieles a Dios como Sadrac, Mesac y Abednego cuando iban a ser lanzados al horno de fuego. Daniel 3:16 dice: “Sadrac, Mesac y Abednego le respondieron a Nabucodonosor: —¡No hace falta que nos defendamos ante Su Majestad! 17 Si se nos arroja al horno en llamas, el Dios al que servimos puede librarnos del horno y de las manos de Su Majestad. 18 Pero, aun si nuestro Dios no lo hace así, sepa usted que no honraremos a sus dioses ni adoraremos a su estatua.”

Estos jóvenes sabían quién era Dios. Ellos sabían que podrían ser librados, pero también reconocían su soberanía. La oración del justo es poderosa y eficaz. En las aflicciones, en los momentos de buen ánimo a pesar de las situaciones o en la enfermedad, ore a Dios y confíe en su voluntad soberana.

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