La oración de David ( Código – 2018-522 ) – Radios Fráter
  • enero 3, 2019

La oración de David ( Código – 2018-522 )

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Se acabó el año 2018 y se viene uno nuevo. ¡Cuánta expectativa hay para el próximo! ¿Qué nos dejó el 2018? Y estuve pensando mucho en David, el rey de Israel que estaba en su último momento de reinado a Salomón. Y le dejó una comisión, la de construir el templo.

Pero David hace una oración que es la que debemos hacer todos en estas fechas. David fue el que venció a Goliat, el que escribió muchos de los Salmos y el que tenía el anhelo de construir el templo. 1 Crónicas 28:1 dice: “David reunió en Jerusalén a todos los jefes de Israel, es decir, a los jefes de las tribus, los jefes de las divisiones que por turno servían al rey, los jefes de mil y de cien soldados, los administradores de los bienes, del ganado y de los príncipes, los eunucos del palacio, los guerreros, y todos los valientes. 2 Puesto de pie, el rey David dijo: «Hermanos de mi pueblo, escúchenme. Yo tenía el propósito de construir un templo para que en él reposara el arca del pacto del Señor nuestro Dios y sirviera como estrado de sus pies. Ya tenía todo listo para construirlo 3 cuando Dios me dijo: “Tú no me construirás ningún templo, porque eres hombre de guerra y has derramado sangre.” 4 »Sin embargo, el Señor, Dios de Israel, me escogió de entre mi familia para ponerme por rey de Israel para siempre. En efecto, él escogió a Judá como la tribu gobernante; de esta tribu escogió a mi familia, y de entre mis hermanos me escogió a mí, para ponerme por rey de Israel. 5 De entre los muchos hijos que el Señor me ha dado, escogió a mi hijo Salomón para que se sentara en el trono real del Señor y gobernara a Israel. 6 Dios me dijo: “Será tu hijo Salomón el que construya mi templo y mis atrios, pues lo he escogido como hijo, y seré para él como un padre. 7 Y si persevera en cumplir mis leyes y mis normas, como lo hace hoy, entonces afirmaré su reino para siempre.” 8 »En presencia de Dios que nos escucha, y de todo Israel, que es la congregación del Señor, hoy les encarezco que obedezcan cumplidamente todos los mandamientos del Señor su Dios. Así poseerán esta hermosa tierra y se la dejarán en herencia perpetua a sus hijos. 9 »Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele de todo corazón y con buena disposición, pues el Señor escudriña todo corazón y discierne todo pensamiento. Si lo buscas, te permitirá que lo encuentres; si lo abandonas, te rechazará para siempre. 10 Ten presente que el Señor te ha escogido para que le edifiques un templo como santuario suyo. Así que ¡anímate y pon manos a la obra!» 11 Luego David le entregó a Salomón el diseño del pórtico del templo, de sus edificios, de los almacenes, de las habitaciones superiores, de los cuartos interiores y del lugar del propiciatorio. 12 También le entregó el diseño de todo lo que había planeado para los atrios del templo del Señor, para los cuartos de alrededor, para los tesoros del templo de Dios y para los depósitos de las ofrendas sagradas. 13 Así mismo, le dio instrucciones en cuanto a la labor de los sacerdotes y levitas, y de todos los servicios del templo del Señor y de todos los utensilios sagrados que se usarían en el servicio del templo. 14 Además, le entregó abundante oro y plata para todos los utensilios de oro y de plata que se debían usar en cada uno de los servicios en el templo. 15 También le pesó el oro y la plata para cada uno de los candelabros y sus lámparas, tanto los de oro como los de plata, según el uso de cada candelabro. 16 De igual manera, le pesó el oro y la plata para cada una de las mesas de los panes de la proposición, tanto las de oro como las de plata. 17 Le hizo entrega del oro puro para los tenedores, los tazones y las jarras. Le pesó oro y plata suficiente para cada una de las copas de oro y de plata. 18 Para el altar del incienso le entregó una cantidad suficiente de oro refinado. También le dio el diseño de la carroza y de los querubines que cubren con sus alas extendidas el arca del pacto del Señor. 19 «Todo esto —dijo David— ha sido escrito por revelación del Señor, para darme a conocer el diseño de las obras.» 20 Además, David le dijo a su hijo Salomón: «¡Sé fuerte y valiente, y pon manos a la obra! No tengas miedo ni te desanimes, porque Dios el Señor, mi Dios, estará contigo. No te dejará ni te abandonará hasta que hayas terminado toda la obra del templo del Señor. 21 Aquí tienes la organización de los sacerdotes y de los levitas para el servicio del templo de Dios. Además, contarás con la ayuda voluntaria de expertos en toda clase de trabajos. Los jefes y todo el pueblo estarán a tu disposición.»”

David no solo le entregó a Salomón el sueño sino todo lo que necesita. 1 Crónicas 29:1 dice: “El rey David le dijo a toda la asamblea: «Dios ha escogido a mi hijo Salomón, pero para una obra de esta magnitud todavía le falta experiencia. El palacio no es para un hombre sino para Dios el Señor. 2 Con mucho esfuerzo he hecho los preparativos para el templo de Dios. He conseguido oro para los objetos de oro, plata para los de plata, bronce para los de bronce, hierro para los de hierro, madera para los de madera, y piedras de ónice, piedras de engaste, piedras talladas de diversos colores, piedras preciosas de toda clase, y mármol en abundancia. 3 Además, aparte de lo que ya he conseguido, por amor al templo de mi Dios entrego para su templo todo el oro y la plata que poseo: 4 cien mil kilos de oro de Ofir y doscientos treinta mil kilos de plata finísima, para recubrir las paredes de los edificios, 5 para todos los objetos de oro y de plata, y para toda clase de trabajo que hagan los orfebres. ¿Quién de ustedes quiere hoy dar una ofrenda al Señor?» 6 Entonces los jefes de familia, los jefes de las tribus de Israel, los jefes de mil y de cien soldados, y los encargados de las obras del rey hicieron sus ofrendas voluntarias. 7 Donaron para las obras del templo de Dios ciento sesenta y cinco mil kilos y diez mil monedas de oro, trescientos treinta mil kilos de plata, y alrededor de seiscientos mil kilos de bronce y tres millones trescientos mil kilos de hierro. 8 Los que tenían piedras preciosas las entregaron a Jehiel el guersonita para el tesoro del templo del Señor. 9 El pueblo estaba muy contento de poder dar voluntariamente sus ofrendas al Señor, y también el rey David se sentía muy feliz.”

David reconoció el poderío, la soberanía y la majestad de Dios. 1 Crónicas 29:10 dice: “Entonces David bendijo así al Señor en presencia de toda la asamblea: «¡Bendito seas, Señor, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre y para siempre! 11 Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, la victoria y la majestad. Tuyo es todo cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo también es el reino, y tú estás por encima de todo. 12 De ti proceden la riqueza y el honor; tú lo gobiernas todo. En tus manos están la fuerza y el poder, y eres tú quien engrandece y fortalece a todos.”

El rey David quiere construir un magnífico templo a Dios. Pero Dios le dice que no será él. ¿Le reprocha a Dios? Nunca. Al contrario, reconoce que Dios está por encima de todo.

Hoy estamos aquí en la Fráter en nuestro último fin de semana de este año 2,018 y al igual que el rey David en la última oración registrada que tenemos, también ou reconocemos su poderío y majestad y que todo lo que tenemos viene de parte de Dios.

David sabía que todo lo que tenía provenía de Dios, mostró gratitud y adoró a Dios. 1 Crónicas 29:12 dice: “De ti proceden la riqueza y el honor; tú lo gobiernas todo. En tus manos están la fuerza y el poder, y eres tú quien engrandece y fortalece a todos. 13 Por eso, Dios nuestro, te damos gracias, y a tu glorioso nombre tributamos alabanzas.”

El rey David reconoce que todo lo que tiene proviene de Dios: las riquezas, el honor, el ser engrandecido y el ser fortalecido. Todo lo que tiene ha sido por Dios y para Dios. Por eso a él no sólo da gracias, sino a su glorioso nombre tributa alabanzas.

¿Hay gratitud en su corazón para con Dios? La gratitud es el agradecimiento, reconocimiento de un favor o beneficio que se nos ha hecho.

¿Qué beneficios ha recibido de Dios??
¿Qué hizo Dios al enviar a su hijo Jesucristo?
¿Qué hizo Jesucristo en la cruz del Calvario por nosotros?
¿Qué ha hecho Dios por usted a lo largo de su vida?
¿Qué ha hecho Dios por usted a lo largo de este año 2,018?
¿Qué pruebas ha podido enfrentar sólo porque Dios lo fortaleció?
¿Hay gratitud hacia Dios por lo que él es y hace por usted?

David reconoció que aún todo lo que él pudiera darle a Dios, ya era de El. 1 Crónicas 29:14 dice: “»Pero, ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que podamos darte estas ofrendas voluntarias? En verdad, tú eres el dueño de todo, y lo que te hemos dado, de ti lo hemos recibido. 15 Ante ti, somos extranjeros y peregrinos, como lo fueron nuestros antepasados. Nuestros días sobre la tierra son sólo una sombra sin esperanza. 16 Señor y Dios nuestro, de ti procede todo cuanto hemos conseguido para construir un templo a tu santo nombre. ¡Todo es tuyo! 17 Yo sé, mi Dios, que tú pruebas los corazones y amas la rectitud. Por eso, con rectitud de corazón te he ofrecido voluntariamente todas estas cosas, y he visto con júbilo que tu pueblo, aquí presente, te ha traído sus ofrendas.”

David no se engrandeció, entendió que todo lo que él y el pueblo pudieron darle a Dios, ya era de él, porque de él proviene todo lo que existe. Tanto el tiempo que dedicamos para las cosas directamente de Dios (congregarnos, leer la Biblia, servir en una célula, compartir nuestra fe…), como el dinero que le damos a Dios con nuestros diezmos, ofrendas y promesas de fe y los talentos que ponemos al servicio no sólo de él sino de la comunidad, no vienen de nosotros, todo al final de cuentas es de Dios. Él nos dio la vida y con lo que nos da le damos, por lo que todo lo que le damos es de él.

David clamó porque todos en Israel jamás olvidaran los pensamientos que él oraba y porque su corazón siempre fuera dirigido hacia él. 1 Crónicas 29:18 dice: “Señor, Dios de nuestros antepasados Abraham, Isaac e Israel, conserva por siempre estos pensamientos en el corazón de tu pueblo, y dirige su corazón hacia ti. 19 Dale también a mi hijo Salomón un corazón íntegro, para que obedezca y ponga en práctica tus mandamientos, preceptos y leyes. Permítele construir el templo para el cual he hecho esta provisión.»”

Aún en los últimos días de su vida, a David no le importaba su persona, no le importaba su posición, no le importaban las memorias de sus grandes hazañas derrotando a Goliat y más… A David le importaba que su hijo y su pueblo, dirigieran siempre su corazón a Dios. Todo lo que tenía no lo dejó a nadie más que a Dios. Ese era su compromiso con el Creador. Entendía bien el concepto de Creador y criatura.

Anhelaba que su hijo tuviera un corazón íntegro para que obedeciera y pusiera en práctica sus mandamientos, preceptos y leyes. Y tome nota, hasta después de orar por un corazón obediente, entonces pide que le permita construir el templo. El templo iba segundo, primero iba el corazón de su hijo y del pueblo. Porque podemos hacer grandes hazañas para nuestra gloria y fuera de la voluntad de Dios. Pero ¿Para gloria de quién? El rey David está interesado en que se construya un templo, pero no a expensas de la obediencia al Padre. Primero la obediencia, luego la construcción.

David no sólo fue un adorador, animó a toda la asamblea a alabar a Dios. 1 Crónicas 29:20 dice: “Luego David animó a toda la asamblea: «¡Alaben al Señor su Dios!» Entonces toda la asamblea alabó al Señor, Dios de sus antepasados, y se inclinó ante el Señor y ante el rey.”

El rey David, ese impresionante músico que tocaba y tranquilizaba a Saúl, el primer rey de Israel, no sólo tocaba el instrumento y componía canciones. Todo lo hacía para glorificar a Dios y animó al pueblo a hacer lo mismo. Su invitación: “Alaben al Señor su Dios”. Es decir: reconozcan y hablen de sus grandezas. ¿Cuál fue el resultado? Todos se inclinaron ante el Señor y le alabaron. ¿Invita usted a su familia a alabar a Dios?, ¿Están sus hijos y sus líderes de rodillas ante el Padre y glorificando a nuestro Salvador Jesucristo? Ese es nuestro llamado a apuntar a todos al Creador y a Jesucristo nuestro redentor.

David le entregó con regocijo el trono a su hijo Salomón, a quien el Señor le entregó un reinado glorioso como jamás lo tuvo ninguno de los reyes de Israel. 1 Crónicas 29:20 dice: “Al día siguiente, ofrecieron sacrificios y holocaustos al Señor por todo Israel: mil becerros, mil carneros y mil corderos, con sus respectivas libaciones, y numerosos sacrificios. 22 Ese día comieron y bebieron con gran regocijo en presencia del Señor. Luego, por segunda vez, proclamaron como rey a Salomón hijo de David, y lo consagraron ante el Señor como rey, y a Sadoc lo ungieron como sacerdote. 23 Y Salomón sucedió en el trono del Señor a su padre David, y tuvo éxito. Todo Israel le obedeció. 24 Todos los jefes, los guerreros y los hijos del rey David rindieron pleitesía al rey Salomón. 25 El Señor engrandeció en extremo a Salomón ante todo Israel, y le otorgó un reinado glorioso, como jamás lo tuvo ninguno de los reyes de Israel.”

David le encomendó una misión a su hijo, Dios a su hijo Jesucristo. Filipenses 2:8 dice: “Y, al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! 9 Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, 10 para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”

Y Juan 3:16 dice: “»Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. 18 El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. 19 Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. 20 Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. 21 En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios».”

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