La amistad que Dios no aprueba ( Código – 2018-473 ) – Radios Fráter
  • noviembre 21, 2018

La amistad que Dios no aprueba ( Código – 2018-473 )

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¿Cuál es su aroma favorito? ¿Será el olor de la comida que su mamá cocina? ¿O el de un perfume que le recuerda a alguien? No importa el aroma que nos guste, hay un aroma que supera a todos. El aroma de la paz, porque donde hay paz hay bendición.

Porque cuando la paz se pierde, puede estar el mejor perfume en el ambiente, o la mejor comida en la mesa, todo se descompone. Nosotros los creyentes somos llamados a promover la paz.

¿Qué tanta paz hay en nuestro hogar? ¿En nuestra congregación? Cuando se pierde la paz, todo se pierde.

Santiago habla sobre esto, les escribe a las congregaciones de judíos cristianos dispersos en el imperio Romano. Había una de guerras y conflictos entre los cristianos que están destruyendo a las congregaciones. El problema entonces no son los demás, el mal está en los conflictivos dice Santiago. Porque motivados por el orgullo, la envidia, los celos y la avaricia están produciendo guerra y no la paz de Dios.

Santiago hace tres cosas. Primero describe la situación, segundo los confronta y tercero, les prescribe qué deben hacer. Santiago 4:1 dice: “¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos? 2 Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra. No tienen, porque no piden. 3 Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones.”

Nuestro Dios es un Dios de paz. Romanos 15:33 dice: “El Dios de paz sea con todos ustedes. Amén.”

A fin de año se realizan reuniones familiares ¿vamos a reflejar el carácter de Cristo? Eso es lo que Santiago quiere, que reflejen el carácter del Dios de paz. El problema no es afuera, es dentro de nosotros. Santiago 4:1 dice: “¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos? 2 Desean algo y no lo consiguen. Matan y sienten envidia, y no pueden obtener lo que quieren. Riñen y se hacen la guerra.”

Los conflictos en la familia, en el trabajo y en la congregación tienen su origen en nuestra naturaleza pecaminosa. Si hay envidias, egoísmo, siempre habrán conflictos y destrucción. ¿De dónde surgen las guerras y los conflictos? De nosotros mismos. Y la envidia y el egoísmo por ser los primeros destruye.
El creyente no puede vivir con envidias y egoísmo. Debemos ser como Cristo que entregó su vida por los demás. La envidia viene desde el origen. Hechos 7:8 dice: “Hizo con Abraham el pacto que tenía por señal la circuncisión. Así, cuando Abraham tuvo a su hijo Isaac, lo circuncidó a los ocho días de nacido, e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas. 9 »Por envidia los patriarcas vendieron a José como esclavo, quien fue llevado a Egipto; pero Dios estaba con él 10 y lo libró de todas sus desgracias. Le dio sabiduría para ganarse el favor del faraón, rey de Egipto, que lo nombró gobernador del país y del palacio real.”

José era imprudente, contaba lo que no tenía que contar a quienes no debía contárselos. El problema fue la envidia. Los receptores de la carta de Santiago tenían problemas entre ellos. Marcos 9:33 dice: “Llegaron a Capernaúm. Cuando ya estaba en casa, Jesús les preguntó: —¿Qué venían discutiendo por el camino? 34 Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido entre sí quién era el más importante. 35 Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: —Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.”

Debemos ser humildes, porque al final nuestros días están contados. Santiago 4:2d dice: “No tienen, porque no piden. 3 Y cuando piden, no reciben porque piden con malas intenciones, para satisfacer sus propias pasiones.”

Las motivaciones de los judíos cristianos no eran puras. Ni siquiera buscaban a Dios para recibir de él, buscaban recibir a puro esfuerzo humano. Y cuando pedían lo hacían motivados siempre por los celos, las envidias y el orgullo. Pedían para alimentar las pasiones contrarias a la perfecta voluntad de Dios.

Ahora viene la confrontación. Recuerde, Santiago le escribe a creyentes. Pero él les dice en Santiago 4:4: “ ¡Oh gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios.5 ¿O creen que la Escritura dice en vano que Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros? 6 Pero él nos da mayor ayuda con su gracia. Por eso dice la Escritura: «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes.»”

Por qué Santiago les llama ¿Gente Adúltera? Porque eran infieles. Jeremías 3:20 dice: “Pero tú, pueblo de Israel, me has sido infiel como una mujer infiel a su esposo», afirma el Señor.”

Cuando coqueteamos con el mundo, pero le hablamos lindo a Dios, así es lo que Santiago señala. Amaban al mundo y por lo tanto no amaban al Padre. 1 de Juan 2:15 dice: “No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre. 16 Porque nada de lo que hay en el mundo — los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida — proviene del Padre sino del mundo. 17 El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

Cuando habla del mundo no se refiere a trabajar, a ganar dinero. No. A veces creemos que podemos estar con Dios y con el mundo y nos nos pasará nada porque venimos a la iglesia. Pero solo hay dos bandos. Con Dios o contra Dios.

El que teme a Dios, le sirve, le ama, se congrega.

Amar al mundo es convertirse en enemigos de Dios. Colosenses 1:21 dice: “En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos. 22 Pero ahora Dios, a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte, 23 con tal de que se mantengan firmes en la fe, bien cimentados y estables, sin abandonar la esperanza que ofrece el evangelio. Este es el evangelio que ustedes oyeron y que ha sido proclamado en toda la creación debajo del cielo, y del que yo, Pablo, he llegado a ser servidor.”

Todos hemos pecado y estamos separados de Dios, pero Cristo, aún nosotros siendo enemigos de Dios, nos rescató a través de su sacrificio y nos reconcilió con Dios. Y eso es tener paz con Dios. ¿En qué bando estamos?

Dios nos anhela celosamente. Éxodo 20:5 dice: “No te inclines delante de ellos ni los adores. Yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso. Cuando los padres son malvados y me odian, yo castigo a sus hijos hasta la tercera y cuarta generación. 6 Por el contrario, cuando me aman y cumplen mis mandamientos, les muestro mi amor por mil generaciones.”

Dios es un Dios celoso, nos anhela para él. Y es porque nosotros lo necesitamos a él. Santiago 4:6 dice: “Pero él nos da mayor ayuda con su gracia. Por eso dice la Escritura: «Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes.”

Dios nos da mayor ayuda con su gracia, ese favor inmerecido al creer en Jesucristo al morir en la cruz. La humildad es el único requisito de la gracia de Dios. Porque sin humildad, el pecador no puede llegar al punto de reconocer su maldad. Por eso Dios se opone al orgulloso, el cree no necesitar de Dios, pero el humilde se da cuenta de su adulterio espiritual y de su gran error y corre arrepentido a abrazar la gracia de Dios.

Ahora, la prescripción de los síntomas, la solución está en Santiago 4:7 es: “Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes. 8 Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! 9 Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza. 10 Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.”

Debían someterse a Dios y acercarse a él. Someterse: es subordinar la voluntad a los de otra persona. La respuesta a la vida de conflictos, guerras causadas por el egoísmo, como lo son: la envidia, el orgullo y los celos, era someterse a Dios y vivir bajo su perfecta voluntad. Tener humildad, el contentamiento y el gozo por el bien de los demás.

Al resistir al diablo, él huiría de ellos. Al resistir las tentaciones que el enemigo les presentaba y las tentaciones de su propia naturaleza pecaminosa, el diablo huiría de ellos. No podemos someternos a Dios y al diablo. Podemos someternos sólo a uno. Y cuando nos sometemos a Dios y resistimos al diablo, él huirá de nosotros porque no nos puede enamorar hacia el mal con la tentación. La oración es importante, pero el sometimiento por completo a Dios al entregarle todas las áreas de nuestra vida y vivir en su perfecta voluntad es la clave para impedirle al enemigo poder sobre nosotros. Al someternos completamente a Dios, estamos firmes en la fe.

No respondamos a la invitación del reino de las tinieblas, permanezcamos firmes. 1 Pedro 5:8 dice: “Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. 9 Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos.”

El problema de estar bajo la gracia es que no es como era en los tiempos antiguos donde apedreaban a quien no cumplía la ley. Así de drásticos. El pecado se pagaba con muerte. Ahora, si pecamos no morimos inmediatamente, pero sí eternamente.

Debían someterse y acercarse dimensionando la maldad de su pecado. Cuando Santiago les dice en el versículo 8 y 9 “¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón! 9 Reconozcan sus miserias, lloren y laméntense. Que su risa se convierta en llanto, y su alegría en tristeza.”

Dios nos predestinó desde antes para ser transformados en su Hijo, el primogénito. Eso debe hacernos humildes. Y al humillarnos en arrepentimiento, seremos exaltados a una vida justa. Santiago termina diciendo en el versículo 10 “Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.”

Alguien dijo: “Al cielo se sube bajando”. Humillarnos ante Dios, reconocer su grandeza, reconocer nuestra maldad, reconocer nuestros pecados y arrepentirnos de ellos nos llevan a una posición que no merecemos. La posición en Cristo en donde nos declara justos por su muerte en la cruz.

Cuando nos humillamos, reconocemos nuestro pecado y nuestras miserias, Dios nos saca del lodo y nos da nuestro lugar como hijos de Dios. Reflejemos su carácter.

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