Cuando Jesús se sintió morir ( Código – 2018-343 ) – Radios Fráter
  • noviembre 2, 2018

Cuando Jesús se sintió morir ( Código – 2018-343 )

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¿Hemos experimentado angustias donde se siente morir? No me refiero a pequeñas preocupaciones, sino de esas angustias que se siente morir.

Una vez, una señora se me acercó y me pidió que orara por ella para que Dios la perdonara por lo que iba a hacer. – Y qué va a hacer – le pregunte. La señora no quiso decirme. Así que nos sentamos y le volví a preguntar qué iba a hacer. Ella me dijo – pida que Dios me perdone porque voy a ir a matar a mi hijo y luego me voy a matar yo –. El esposo la había abandonado y ella estaba decidida a tomar esa acción.

Empezamos a hablar sobre la esperanza que Jesús es en medio de las angustias. Oramos y le di todo el dinero que tenía. Le instruí que fuera a un restaurante de comida rápida con juegos infantiles. Le dije que comprara dos menús, y que se sentara en el área de niños y viera a su hijo jugar y disfrutar. También le sugerí asistir a una iglesia cerca de su casa.

Hay angustias que uno se siente morir. En La Fráter se llevó a cabo una cumbre que se llama “Defiende la causa del huérfano” organizada por la Alianza Cristiana para los Huérfanos. Se buscó capacitar a los miembros de las iglesias para que trabajen por los más indefensos. Y en medio del programa, Edwin Aguilar, un joven que a los 6 años llegó a un hogar, que después de tenerlo todo él se quedó sin nada. Y contó cómo otros niños tenían algún familiar que los visitara y que a fin de año les daban 1 mes para irse con ellos. Pero a él le tocó quedarse 4 navidades solo con el guardián del hogar. Hay angustias que uno se siente morir.

Hace unos días hablé con un miembro de la iglesia que me contó como por 10 años estuvo sentado en la iglesia, escuchando prédicas, sin embargo era alcohólico, drogadicto y un empresario de éxito. Me contó como 2 veces pasó al frente en el llamado al arrepentimiento y no experimentó cambios en su vida. El pensaba que se iba a morir en uno de esos cuartos a donde las personas van a drogarse.

La ruptura de las relaciones también son motivo de dolor. El Lic. Jorge Erdmenger, director de Células de La Fráter, cuenta cómo el recuerda el sonido del baúl de vehículo de su papá cuando se fue de la casa porque se separó de su mamá.

Quizás tenga angustias, aún siendo una persona de éxito, pero le falta la esencia de la vida que es Jesucristo. Porque a veces lo tenemos todo y nos damos cuenta que no tenemos nada. Somos rico miserables.

Lo interesante es que en Marcos 14:34 dice: “«Es tal la angustia que me invade que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y vigilen.»”

Jesús, no un profeta o maestro más, la divinidad misma, se siente morir. Saber que Jesús en la noche de su arresto, se sintió tan angustiado que se sentía morir, nos consuela.

Juan 16:33 dice: “Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo.”

Jesús venció a mundo de dos maneras: no pecó y con su muerte y resurrección. Nos consuela porque de la angustia que Jesús enfrentó, aprendemos sobre cómo enfrentar las angustias que la vida nos presenta. ¿Cómo salió Jesús de esa angustia que lo hacía sentir que se moría?, ¿Qué fue lo que hizo? Eso es lo que buscamos responder el día de hoy. Porque Jesús es nuestro ejemplo en todo, incluso en los momentos de angustia y del cómo enfrentarlos.

Hoy podrá no tener angustias, pero seguro llegarán ¿Qué hará ese día?. Es probable que hoy todo marche bien en su vida, pero las angustias y la paz son como el verano y el invierno, hoy estamos en paz y mañana nos golpean las angustias de la vida. Conocer qué fue lo que hizo Jesús el día que declaró: “Es tal la angustia que me invade que me siento morir”, nos permitirá enfrentar y salir victorioso ante las dificultades de la vida.

No se aflija si le llegan angustias. Marcos 14:27 dice: “—Todos ustedes me abandonarán —les dijo Jesús—, porque está escrito: »“Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas.” 28 Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea. 29 —Aunque todos te abandonen, yo no —declaró Pedro. 30 —Te aseguro —le contestó Jesús— que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante por segunda vez, me negarás tres veces. 31 —Aunque tenga que morir contigo —insistió Pedro con vehemencia—, jamás te negaré. Y los demás dijeron lo mismo. 32 Fueron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús les dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí mientras yo oro.» 33 Se llevó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a sentir temor y tristeza. 34 «Es tal la angustia que me invade que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y vigilen.» 35 Yendo un poco más allá, se postró en tierra y empezó a orar que, de ser posible, no tuviera él que pasar por aquella hora. 36 Decía: « Abba, Padre, todo es posible para ti. No me hagas beber este trago amargo, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» 37 Luego volvió a sus discípulos y los encontró dormidos. «Simón —le dijo a Pedro—, ¿estás dormido? ¿No pudiste mantenerte despierto ni una hora? 38 Vigilen y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil.» 39 Una vez más se retiró e hizo la misma oración. 40 Cuando volvió, los encontró dormidos otra vez, porque se les cerraban los ojos de sueño. No sabían qué decirle. 41 Al volver por tercera vez, les dijo: «¿Siguen durmiendo y descansando? ¡Se acabó! Ha llegado la hora. Miren, el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. 42 ¡Levántense! ¡Vámonos! ¡Ahí viene el que me traiciona!»”

¿Qué cosas hacían que Jesús estuviera tan angustiado? Jesús sabía que experimentaría la soledad del abandono. Marcos 14:27 dice: “—Todos ustedes me abandonarán —les dijo Jesús—, porque está escrito: »“Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas.” 28 Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea. 29 —Aunque todos te abandonen, yo no —declaró Pedro. 30 —Te aseguro —le contestó Jesús— que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante por segunda vez, me negarás tres veces. 31 —Aunque tenga que morir contigo —insistió Pedro con vehemencia—, jamás te negaré. Y los demás dijeron lo mismo.”

Jesús sabía que sería arrestado por pecadores y humillado por ellos. Marcos 14:41 dice: “Al volver por tercera vez, les dijo: «¿Siguen durmiendo y descansando? ¡Se acabó! Ha llegado la hora. Miren, el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. 42 ¡Levántense! ¡Vámonos! ¡Ahí viene el que me traiciona!»”

Jesús sabía que moriría en la cruz del Calvario, la muerte más lenta y terrible de la época. Marcos 14:22 dice: “Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a ellos, diciéndoles: —Tomen; esto es mi cuerpo. 23 Después tomó una copa, dio gracias y se la dio a ellos, y todos bebieron de ella. 24 —Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos —les dijo—. 25 Les aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta aquel día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios. 26 Después de cantar los salmos, salieron al monte de los Olivos.”

¿Qué fue lo que hizo Jesús esa noche para enfrentar su angustia? Jesús llamó a sus tres discípulos más íntimos y les abrió su corazón: Tenía temor y tristeza. Marcos 14:32 dice: “Fueron a un lugar llamado Getsemaní, y Jesús les dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí mientras yo oro.» 33 Se llevó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a sentir temor y tristeza. 34 «Es tal la angustia que me invade que me siento morir —les dijo—. Quédense aquí y vigilen.»”

Abrir nuestro corazón a otros fieles discípulos de Jesús es vital para obtener el apoyo de su presencia. No se nos dice que estos tres discípulos hayan emitido palabra alguna de regreso, estaban muy cansados, pero Jesús quería abrir su corazón, quería que entendieran su carga, eran sus mejores amigos.

Jesús se fue a orar y al regresar, tres veces los encontró dormidos. Marcos 14:35 dice: “Yendo un poco más allá, se postró en tierra y empezó a orar que, de ser posible, no tuviera él que pasar por aquella hora. 36 Decía: « Abba, Padre, todo es posible para ti. No me hagas beber este trago amargo, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» 37 Luego volvió a sus discípulos y los encontró dormidos. «Simón —le dijo a Pedro—, ¿estás dormido? ¿No pudiste mantenerte despierto ni una hora? 38 Vigilen y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el cuerpo es débil.» 39 Una vez más se retiró e hizo la misma oración. 40 Cuando volvió, los encontró dormidos otra vez, porque se les cerraban los ojos de sueño. No sabían qué decirle. 41 Al volver por tercera vez, les dijo: «¿Siguen durmiendo y descansando? ¡Se acabó! Ha llegado la hora. Miren, el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. 42 ¡Levántense! ¡Vámonos! ¡Ahí viene el que me traiciona!»”

Jesús no sólo quería el apoyo de sus amigos a nivel presencia, quería el apoyo en oración de sus amigos. Ellos serían probados en unos momentos al darse el arresto de Jesús y ni siquiera estaban orando. Jesús pedía presencia y oración. Ellos sólo le dieron presencia. Vea el corazón de Jesús que a pesar de saber que lo abandonarían los amaba y los quería cerca, porque eran sus amigos.

¿Qué podemos aprender de este acontecimiento? Todos enfrentamos angustias pues hasta Jesús enfrentó angustias e incluso la muerte. Si nuestro Señor murió injustamente crucificado, no se sorprenda por las pruebas e fuego que llegan a su vida. Dios no lo ha abandonado, en medio de la prueba, Dios está con usted.

Todos enfrentamos angustias, pero Jesús no la quiso enfrentar solo, sino junto a sus tres amigos más íntimos. Nosotros hacemos énfasis en las células, porque estos grupos pequeños de miembros de La Fráter que se reúnen por las casas a evangelizar y a edificarse, permiten que, como Jesús, tengamos fieles discípulos suyos, a quienes podamos abrirle nuestro corazón en los momentos de angustia. ¿Enfrenta angustia? No las enfrente solo. Ábrale su corazón a su líder o a un miembro maduro de su célula y reciba el apoyo en oración y consejo de otros.

¿Perdió a un ser querido? Asista dos sábados al mes a “Abrazos de Esperanza”. Ellos se reúnen el segundo y cuarto sábado del mes a las 8:30 a.m. en el Aula Magna 2, de La Fráter Ciudad San Cristóbal. Todos han perdido a un ser querido y se apoyan a atravesar las distintas fases del luto abriendo su corazón, enseñando la palabra de Dios y dando consejo.

Aunque estos tres amigos más íntimos no vigilaron ni oraron con él, ni por él, Jesús no desmayó. Porque oraba y confiaba en la soberanía del Padre Dios. Tres veces regresó Jesús después de orar y cabal, los tres amigos íntimos se habían dormido como si nada hubiera pasado. Les acababa de decir que sentía temor y tristeza y que se sentía morir y ellos le habían fallado. ¿Por qué pudo Jesús seguir adelante a pesar que sus discípulos le habían fallado antes de abandonarlo al punto que la segunda vez no sabían ni qué decirle cuando los encontró durmiendo? Jesús oró al Padre, pidió lo que él quería, pero aceptó su soberanía cuando dijo: “« Abba, Padre, todo es posible para ti. No me hagas beber este trago amargo, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.»” Aceptar su soberanía, es entender que pase lo que pase, Dios está en control. Y que nos espera a todos la promesa de la resurrección.

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