La fe genuina ( Código – 2018-380 ) – Radios Fráter
  • octubre 24, 2018

La fe genuina ( Código – 2018-380 )

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Ha escuchado esta frase: “Soy cristiano, pero no practicante”. Me duele cuando estamos en lugares públicos y la gente se acerca para pedir oración y algunas veces me dicen “lo conozco pastor” y cuando les pregunto que a qué iglesia asiste me responden que a ninguna; expresan que siempre guardan un temor a Dios, pero no es un temor genuino.

Otros dicen “Soy cristiano, pero no practicante”. ¿Se ha puesto a pensar en esto? Es como decir trabajo como policía pero no arresto a los malos. Trabajo como policía de tránsito, pero no pongo multas. Trabajo como doctor, pero no veo pacientes. Trabajo como maestro, pero no doy clases. Trabajo como recepcionista, pero no contesto el teléfono. Trabajo como deportista profesional, pero no me ejercito. ¿Logra ver lo contradictorio de la declaración: soy cristiano pero no practicante?

Hay una contradicción entre el creer y el hacer, y el cristiano debe tener ambas porque la fe genuina siempre produce buenas obras. Esto se estaba dando en los tiempos de Santiago el hermano de Jesús, quien escribió el libro con el mismo nombre que hemos estado estudiando. Un libro que escribió a las 12 tribus que estaban dispersas por causa de la persecución en el imperio romano. Judíos cristianos habían huido de Jerusalén a distintas partes y su fe en medio de las pruebas corría peligro. Es por ello, que Santiago como su Pastor a la distancia, les escribe para animarlos a vivir una fe real en medio de la comunidad que conforman.

Habían muchos cristianos que decían creer en Dios pero con sus obras no lo demostraban. Santiago 2:14 dice: “Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno alegar que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe?”

Cada día que vamos a la iglesia nos levantamos temprano, nos arreglamos, nos vamos rápido, pero ¿tenemos fe y obras? o ¿solo tenemos fe? Todos seremos juzgados y se nos olvida que nos presentaremos ante Cristo en el trono blanco y dar cuentas. La fe que salva siempre produce obras. El evangelio de Jesucristo es el mensaje que Dios se vistió de carne y huesos y vino a la tierra; tentado en todo pero sin pecado para morir en la cruz, el justos por los injustos. ¿Para qué? Para que nos reconciliara con el Padre Dios. ¿Para qué? Para que fuéramos adoptados como hijos de Dios, para tener vida y paz.

Unos de mis amigos fue a La Fráter Roosevelt y me preguntó por un hombre que estaba en traje azul dando la bienvenida. Le expliqué que son servidores voluntarios que sirven sin recibir un salario. Y me dijo mi amigo que conocía a este hombre, que antes era una persona que practicaba el pecado pero ahora era un hombre de bien. ¿Qué dicen nuestras amistades de nosotros? ¿éramos o somos? La fe que salva produce transformación.

En el tiempo de Santiago había gente que creía que era salva pero sus obras no demostraban eso. La fe que salva siempre produce buenas obras. 1 Tesalonicenses 1:8 dice: “Partiendo de ustedes, el mensaje del Señor se ha proclamado no solo en Macedonia y en Acaya, sino en todo lugar; a tal punto se ha divulgado su fe en Dios que ya no es necesario que nosotros digamos nada. 9 Ellos mismos cuentan de lo bien que ustedes nos recibieron, y de cómo se convirtieron a Dios dejando los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero, 10 y esperar del cielo a Jesús, su Hijo a quien resucitó, que nos libra del castigo venidero.”

¿Estamos sirviendo al Dios vivo verdadero o a quién? Porque si la fe que tenemos solo la vivimos en la mente pero no en el corazón ¿de qué nos va a servir? ¿De qué nos sirve venir al servicio pero al salir peleamos en el tráfico? El evangelio de Jesucristo es la libertad por medio del amor más grande. Y debe haber en nosotros gratitud. Por eso Dios nos llama a vivir en santidad.

Somos el pueblo de Dios, pero si seguimos abrazando a nuestros ídolos tendremos una fe que no sirve para nada, porque la fe genuina siempre produce buenas obras.

1 de Juan 2:1 dice: “Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero, si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. 2 Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino por los de todo el mundo. 3 ¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios? Si obedecemos sus mandamientos. 4 El que afirma: «Lo conozco», pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad. 5 En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra. De este modo sabemos que estamos unidos a él: 6 el que afirma que permanece en él debe vivir como él vivió.”

Somos llamados a la santidad. Por eso debemos dimensionar el sacrificio de Jesús. Nada podíamos hacer para pagar la deuda de nuestros pecados ante Dios. Por eso en el Antiguo Testamento, los sacerdotes sacrificaban corderos para la expiación por los pecados. Era una sombra de la realidad del mismo cielo, por eso en Hebreos Jesús es el Sumo Sacerdote que es el sacrificio perfecto para pagar la deuda.

La fe genuina produce buenas obras. Por es Santiago 2:15 dice: “Supongamos que un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse y carecen del alimento diario, 16 y uno de ustedes les dice: «Que les vaya bien; abríguense y coman hasta saciarse», pero no les da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso?”

¿De qué sirve ver la necesidad de otros, ore por ellos y no los ayude en nada? El supongamos al inicio del versículo 15 nos muestra que es una ilustración de lo que ocurre con los judíos cristianos a los que escribe Santiago a quienes llama hermano y hermana. Y precisamente la ilustración tiene que ver con la necesidad de falta de alimento y de techo. ¿Y qué hace el creyente? Los despide políticamente sin darles nada y diciéndoles que se vayan a comer y a abrigarse ¿Cómo así? Los envía sin ayudarles en nada. La pregunta de Santiago es ¿De qué servirá eso? ¿No resume Jesús en dos los mandamientos más importantes que son el amar a Dios con todo y al prójimo como a nosotros mismos? El argumento de Santiago es, de qué sirve llamarse hermano y decir que tenemos fe en Dios si somos incapaces de ayudar en el momento de necesidad a quien podemos ayudar. Esta fe demuestra ser una fe fingida. De hecho, el versículo 17 le llama fe muerta. Santiago 2:17 dice: “Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta.”

¿Qué puede hacer un cadáver? ¿Sirve para algo? Este es el tipo de fe de aquel que cree en Dios pero es incapaz de obrar y de obedecer a Dios. Es una fe sola, no genuina. No genuina, porque la fe genuina siempre produce obras. Es una fe viva y no una fe muerta. La fe muerta es una fe que no tiene obras. La fe viva, es una fe que tiene obras. La ilustración de los versículos 15 y 16 tiene que ver con obras de caridad pero no se circunscribe sólo a este tipo de obras. Incluye todo tipo de obra que el cristiano debe reflejar en obediencia y sumisión a la voluntad perfecta de Dios.

La fe por sí sola, sin obras, está muerta. Santiago 2:18 dice: “Sin embargo, alguien dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras.» Pues bien, muéstrame tu fe sin las obras, y yo te mostraré la fe por mis obras.19 ¿Tú crees que hay un solo Dios? ¡Magnífico! También los demonios lo creen, y tiemblan.”

La fe que no tiene obras, equivale a la fe que tienen los demonios. Los demonios, que son ángeles caídos que se rebelaron ante la voluntad de Dios, creen en él y tiemblan al escuchar su nombre, pero ¿Son salvos? No. Su fe es pasiva y no activa. Sólo creen, pero su creencia no los mueve ni al arrepentimiento, ni a someter sus voluntades a la voluntad de Dios.

Santiago entonces ya habló de la fe muerta – la fe que no tiene obras – y ahora habla de lo que podemos llamar la fe al estilo demonio – la fe que cree pero no obedece, porque al final de cuentas, no tiene obras- . Y por último habla de la fe estéril -también aquella fe sin obras, que no produce nada-. Santiago 2:20 dice: ““¡Qué tonto eres! ¿Quieres convencerte de que la fe sin obras es estéril? 21 ¿No fue declarado justo nuestro padre Abraham por lo que hizo cuando ofreció sobre el altar a su hijo Isaac? 22 Ya lo ves: Su fe y sus obras actuaban conjuntamente, y su fe llegó a la perfección por las obras que hizo. 23 Así se cumplió la Escritura que dice: «Le creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia», y fue llamado amigo de Dios. 24 Como pueden ver, a una persona se le declara justa por las obras, y no sólo por la fe.”

¿Cuál es la idea aquí? Que Abraham obedeció a Dios que estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo. Claro está que Dios no permitió esto, pues sólo quería probar su lealtad y obediencia a su voluntad. No sólo esto, creyó a la promesa que de él saldría una gran nación y que tendría un hijo y por eso fue justificado. Santiago cita Génesis 15:6 “Abram creyó al Señor, y el Señor lo reconoció a él como justo”.

Tome nota que dice el versículo 22 que su fe y sus obras actuaban conjuntamente. La idea aquí es que no es fe más obras, es fe y obras. La fe y las obras son inseparables, la fe genuina no sólo toca el intelecto, también transforma el actuar. La fe genuina siempre produce obras, no suma obras, la fe genuina tiene obras.

¿Porqué Abraham fue declarado justo y amigo de Dios? Porque tuvo fe y fue obediente. No es fe más obras, sino fe y obras.

Debemos arrepentirnos de nuestros pecados, eso es tener fe y obras, porque el Espíritu Santo transforma nuestro interior. La iglesia es un lugar para que el que está en pecado sea restaurado por los miembros espirituales, los que son guiados por el Espíritu. Debemos restaurar a las personas con humildad, porque podríamos ser los próximos.

El mejor evangelista es el que vive el evangelio, no el que lo predica.

Santiago 2:25 dice: “De igual manera, ¿no fue declarada justa por las obras aun la prostituta Rajab, cuando hospedó a los espías y les ayudó a huir por otro camino?”

La historia de la prostituta Rajab se encuentra en Josué 2, la conquista de la ciudad amurallada de Jericó en Josué 6 y de cómo la prostituta fue salvada por haber hospedado a los espías y ayudarles a huir. Esta mujer no sólo creyó al Dios de los espías sino que actuó para salvar a los espías. Su fe tenía obras. Su fe actuó junto con sus obras tal y como debe ser con nosotros. Santiago 2:26 dice: “Pues como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.”

O la fe y las obras actúan conjuntamente o no existe una fe genuina. La fe sin obras está muerta. El equivalente de esta ilustración de nuestra época sería como el carro sin gasolina no camina o el celular sin batería no funciona, la fe sin obras está muerta.

¿Descansa su seguridad para salvación en la obra de Cristo y no en sus obras? La fe que salva no son la fe y mis obras, sino la fe en la obra de Cristo en la cruz del Calvario. Efesios 2:8 dice: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, 9 no por obras, para que nadie se jacte. 10 Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.”

¿Qué tipo de fe tiene? ¿Una fe muerta, estéril, al estilo demonio o una fe genuina? Decida hoy a quién va a servir, si al diablo y a su naturaleza pecaminosa o si a Dios el Todopoderoso. ¿A qué debe morir hoy para vivir y glorificar a Dios con su vida? Josué 24:15 dice: “Pero, si a ustedes les parece mal servir al Señor, elijan ustedes mismos a quiénes van a servir: a los dioses que sirvieron sus antepasados al otro lado del río Éufrates, o a los dioses de los amorreos, en cuya tierra ustedes ahora habitan. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor».”

Todos pecamos y abogado tenemos ante el Padre. ¿Se ha arrepentido o vive en el pecado? 1 de Juan 2:1 dice: “Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero, si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo.”

Y Romanos 6:1 dice: “¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado para que la gracia abunde? 2 ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?”

La fe genuina siempre produce obras. Es su fe ¿un decir o un hacer? La fe que salva es la fe que actúa junto con las obras. Porque el que está en Cristo es una nueva creación. Somos salvos por la obra de Cristo, pero esa salvación, siempre se manifiesta en obediencia total a Dios nuestro Señor. Tenga una fe que obra ante el necesitado y ante cualquier situación. Una fe cuyas obras glorifican a Dios.

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