Como te veo te trato ( Código – 2018-372 ) – Radios Fráter
  • octubre 24, 2018

Como te veo te trato ( Código – 2018-372 )

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¿Será que las apariencias engañan?
Una señora contó esta anécdota: “Estaban bien vestidos, se acercaron amablemente a mi carro y me dijeron: “Bájese del carro y entréguenos las llaves”. Me bajé, les entregué las llaves y me quedé con la boca abierta pues nunca me imaginé que fueran ladrones. Por como andaban vestidos, parecían más bien ejecutivos de una empresa multinacional.”

Un hombre con apariencia de vagabundo una vez entró a un restaurante y se sentó a ordenar su comida. Muchos lo vieron con incredulidad. Una mesera se acercó y le tomó la orden, pero el gerente del restaurante le dijo que si el hombre no pagaba, le iba a descontar el valor de lo ordenado a ella. Ella no vaciló y aceptó. Sin embargo, el hombre al terminar de comer, pagó la cuenta y dejó una nota, felicitando a la mesera por el buen trato. Al final, el hombre con apariencia de vagabundo resultó ser el dueño del restaurante, quien nombró como nueva gerente, a la mesera que lo había atendido.

Como te veo te trato, es una frase tan común. ¿Qué dice la Biblia sobre el tratar de forma diferente a las personas por su clase social? El libro de Santiago, un libro escrito por Santiago el hermano de Jesús que escribe a los judíos cristianos que por causa de la persecución se encuentran dispersados por todo el imperio romano. Cristianos que además de ser perseguidos muchos enfrentan otras dificultades como la pobreza y el estar lejos ahora de la iglesia de Jerusalén a la que pertenecían. Santiago 2:1 dice: “Hermanos míos, la fe que tienen en nuestro glorioso Señor Jesucristo no debe dar lugar a favoritismos. 2 Supongamos que en el lugar donde se reúnen entra un hombre con anillo de oro y ropa elegante, y entra también un pobre desharrapado. 3 Si atienden bien al que lleva ropa elegante y le dicen: «Siéntese usted aquí, en este lugar cómodo», pero al pobre le dicen: «Quédate ahí de pie» o «Siéntate en el suelo, a mis pies», 4 ¿acaso no hacen discriminación entre ustedes, juzgando con malas intenciones?”

El supongamos que aparece en el versículo 2, muestra lo que está ocurriendo entre los cristianos.
Santiago da una ilustración de lo que está ocurriendo entre las iglesias cristianas. Hay un trato preferencial por el rico con anillo de oro, ropa elegante y un menosprecio por el pobre, desharrapado. A uno lo sientan en primera fila y al otro lo mandan al suelo o que se quede atrás de pie. Estas personas vivían por el dicho “Como te veo, te trato”.

Discriminaban al pobre porque juzgaban con malas intenciones. El versículo 4 dice: “¿acaso no hacen discriminación entre ustedes, juzgando con malas intenciones?” Estas personas se habían vuelto jueces y habían emitido sentencia en base a la clase social aparente. Juzgaban a las personas con malas intenciones. Se decían: si tiene, lo trato bien, si no tiene, que vea como le hace. Todo el que discrimina a otros se cree un juez superior. Veamos la definición de lo que es la discriminación.
Dios trata por igual al rico y al pobre, pero el ser humano tiende a menospreciar al pobre. Santiago 2:5 dice: “Escuchen, mis queridos hermanos: ¿No ha escogido Dios a los que son pobres según el mundo para que sean ricos en la fe y hereden el reino que prometió a quienes lo aman? 6 ¡Pero ustedes han menospreciado al pobre! ¿No son los ricos quienes los explotan a ustedes y los arrastran ante los tribunales? 7 ¿No son ellos los que blasfeman el buen nombre de aquel a quien ustedes pertenecen?”

No hay duda que Dios está a favor de las viudas, de los huérfanos y de los pobres porque están indefensos y no tienen otra esperanza más que Dios. El rico por el contrario, generalmente sólo confía en su dinero. Salmo 68:5 dice: “Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa.”

La semana pasada vimos cómo los huérfanos y las viudas son un tipo de toda persona que está desvalida en este mundo y a quienes debemos ayudar en sus aflicciones. Dios dio su riqueza del evangelio a los ricos, pero también a los pobres. Esto no significa que el mensaje de salvación sea sólo para los pobres, sino que hasta los pobres tienen acceso al perdón de pecados porque Dios trata al rico y al pobre por igual. Dios no hace distinciones. La riqueza del evangelio no es sólo para el rico es también para el pobre. Sin embargo, los destinatarios de la carta han menospreciado al pobre.

Dios no tiene nada contra los ricos, sino contra los ricos que confían en sus riquezas y que no confían en él. Y contra aquellos ricos que abusan del pobre. Por eso dijo que difícilmente entraría un rico en el reino de los cielos, porque su confianza está en su fuerza, en su poder y su meta está sólo en acumular y no en compartir. Mateo 19:23 dice: “–Les aseguro –comentó Jesús a sus discípulos– que es difícil para un rico entrar en el reino de los cielos.”

Dios no menosprecia al pobre, pero los cristianos a los que escribe Santiago, sí los estaban menospreciando. Vimos el ejemplo de cuando se reúnen los cristianos y el rico en primera fila y el pobre sentado en el suelo o parado hasta atrás. Dios no menosprecia al pobre pero estos cristianos los estaban menospreciando.

¡Qué ironía! Trataban bien a quienes los trataban peor y que hasta blasfemaban contra el nombre de Jesús. Lo irónico del caso es que a quienes trataban mejor eran quienes los trataban peor. Estos ricos a quienes estaban tratando bien a expensas de menospreciar al pobre, los explotaban, los arrastraban a los tribunales. Y, además, estos a quienes rendían honor y un trato preferencial estaban blasfemando el nombre de Jesús a quienes ellos pertenecían.

¿Cuál es entonces la exhortación de Santiago para estos creyentes que estaban practicando el clasismo como forma de discriminación? Ame a su prójimo como se ama a usted mismo. Santiago 2:8 dice: “Hacen muy bien si de veras cumplen la ley suprema de la Escritura: «Ama a tu prójimo como a ti mismo»; 9 pero si muestran algún favoritismo, pecan y son culpables, pues la misma ley los acusa de ser transgresores. 10 Porque el que cumple con toda la ley pero falla en un solo punto ya es culpable de haberla quebrantado toda. 11 Pues el que dijo: «No cometas adulterio», también dijo: «No mates.» Si no cometes adulterio, pero matas, ya has violado la ley.”

Amemos y tratemos a todos por igual. A ricos y a pobres. A ladinos y a indígenas. Todos debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Así como Dios no hace distinción entre los seres humanos jamás debemos hacer distinción. No sólo debemos tratarlos bien sino amarlos. 1 Juan 4:7 dice: “Queridos hermanos, amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de él y lo conoce. 8 El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.”

Si cumplimos toda la ley y practicamos la discriminación, somos pecadores. Si amamos a Dios con todo nuestro corazón, pero discriminamos somos pecadores porque hemos fallado en uno de los mandamientos que Dios nos manda. Si no mato dice Santiago, pero cometo adulterio soy culpable de quebrantar la ley. Si no robo, pero discrimino soy culpable de quebrantar la ley. No debemos engañarnos, o amamos a Dios y a nuestro prójimo o no podemos llamarnos hijos de él.

¿Cómo debemos tratar a los ateos, humanistas, homosexuales y lesbianas?. Siempre debemos tratarlos con amor y respeto. Comprendiendo que el no darles una posición dentro de la iglesia o dentro de un colegio cristiano, no es discriminarlos. Así como ellos no pondrían al frente de una asociación de ellos a un Pastor, tampoco en la iglesia de Cristo, hay lugar en un puesto para el que no vive nuestra fe. Pero, aunque no pueden ocupar una posición, sí pueden ocupar una posición en Cristo. Los cristianos sabemos que dichos estilos de vida, son contrarios a la voluntad perfecta de Él. Los amamos y estamos para predicarles el amor incondicional mostrado por Dios al enviar a su hijo y al morir Jesús en la cruz por los pecados. Buscamos amar y mostrar el amor de Dios. Y entendemos que podemos amar sin aceptar o apoyar su estilo de vida, mucho menos la imposición de una ideología de género en nuestros centros de estudios de nuestra nación. No aceptar su forma de pensar, no es odiar. Tan sólo es pensar diferente. Marcos 2:13 dice: “De nuevo salió Jesús a la orilla del lago. Toda la gente acudía a él, y él les enseñaba. 14 Al pasar vio a Leví hijo de Alfeo, donde este cobraba impuestos. —Sígueme —le dijo Jesús. Y Leví se levantó y lo siguió. 15 Sucedió que, estando Jesús a la mesa en casa de Leví, muchos recaudadores de impuestos y pecadores se sentaron con él y sus discípulos, pues ya eran muchos los que lo seguían. 16 Cuando los maestros de la ley que eran fariseos vieron con quién comía, les preguntaron a sus discípulos: —¿Y este come con recaudadores de impuestos y con pecadores? 17 Al oírlos, Jesús les contestó: —No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos. Y yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.”

Hablemos y portémonos como quienes serán juzgados. Santiago 2:12 dice: “Hablen y pórtense como quienes han de ser juzgados por la ley que nos da libertad, 13 porque habrá un juicio sin compasión para el que actúe sin compasión. ¡La compasión triunfa en el juicio!”

Actuemos sabiendo que seremos juzgados. Seremos juzgados por el mismo evangelio que nos ha traído libertad. Jesús en vida es nuestro abogado, una vez muertos, se convierte en nuestro juez. Comportémonos en todo tiempo sabiendo que seremos juzgados.

Es como cuando sabemos que estamos siendo filmados, somos bien conscientes que debemos comportarnos sabiamente. Es como cuando sabemos que hay cámaras vigilando nuestra velocidad, nos mantenemos dentro del límite. Dios quiere que sepamos que seremos juzgados por todo lo bueno y malo que hagamos en la tierra. La perspectiva del juicio futuro debe ser un recordatorio del comportamiento presente.

La compasión triunfa en el juicio. El que nada debe nada teme. La compasión que se muestra, es la compasión que se recibe. El que trata con compasión a otros no tendrá problema en el asunto de la discriminación en el día del juicio. Porque la compasión triunfa, pues no hay por qué juzgarme en esta área, pues he sido un ejemplo del amor de Dios. Romanos 5:6 dice: “A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos,[b] en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados. 7 Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. 8 Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.”

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