• mayo 11, 2018

Lo que el amor de una madre puede y no puede hacer ( Código – 2018-153 )

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Muchas veces cuando se habla de las mamás y la nuestra no está, se siente nostalgia y tristeza, pero Dios puede llenar nuestro corazón de esperanza y fe.
Y es que el amor de una madre, puede reflejar en alguna medida el corazón de Dios. Pero no puede hacer lo que sólo Dios puede hacer en ella y en sus hijos. Cada vez que recordamos a nuestras madres, recordamos escenas muy preciosas porque han demostrado su amor inolvidable. Las hemos visto trabajar y superarse.

Recuerdo que mi mamá nos contaba algunas anécdotas de nuestra niñez. Recuerdo cuando muchas veces me enfermaba y ella me cuidaba. Recuerdo una vez me tocó ir Patzún y había mucho frío. De repente empecé a sentir picazón en las piernas y empecé a rascarme. Al día siguiente tenía las piernas rojas, al tiempo, las tenía amarillas, llenas de infección. Cuando los síntomas se hicieron insoportables, me llevaron de regreso a mi casa. Pero en aquella época al enseñanza era que los que confiaban en Dios no usaban medicina, así que no tomé nada, solo remedios caseros. Y mi mamá estuvo conmigo atendiéndome, casi por 3 meses. Cierto dìa los síntomas fueron muy graves y mi madre estaba preocupada. Siguieron los días así, y de repente me desperté una mañana, tenía una sensación rara en la cara, la tenía hinchada. Ese día llegaron los ancianos de la iglesia y oraron por mi, me ungieron con aceite y fui sano. Dios sana en todo momento. Pero mi madre estuvo todo ese tiempo cuidando de mi. ¿Por qué? Porque me amaba.

Hay cosas que el amor de una mamá puede y no puede lograr. El amor de una madre, puede reflejar en alguna medida, el amor de Dios. 1 Reyes 3:16 dice: “Tiempo después, dos prostitutas fueron a presentarse ante el rey. 17 Una de ellas le dijo: ―Su Majestad, esta mujer y yo vivimos en la misma casa. Mientras ella estaba allí conmigo, yo di a luz, 18 y a los tres días también ella dio a luz. No había en la casa nadie más que nosotras dos. 19 Pues bien, una noche esta mujer se acostó encima de su hijo, y el niño murió. 20 Pero ella se levantó a medianoche, mientras yo dormía, y, tomando a mi hijo, lo acostó junto a ella y puso a su hijo muerto a mi lado. 21 Cuando amaneció, me levanté para amamantar a mi hijo, ¡y me di cuenta de que estaba muerto! Pero, al clarear el día, lo observé bien y pude ver que no era el hijo que yo había dado a luz. 22 ―¡No es cierto! —exclamó la otra mujer—. ¡El niño que está vivo es el mío, y el muerto es el tuyo! ―¡Mientes! —insistió la primera—. El niño muerto es el tuyo, y el que está vivo es el mío. Y se pusieron a discutir delante del rey. 23 El rey deliberó: «Una dice: “El niño que está vivo es el mío, y el muerto es el tuyo”. Y la otra dice: “¡No es cierto! El niño muerto es el tuyo, y el que está vivo es el mío”». 24 Entonces ordenó: ―Tráiganme una espada. Cuando se la trajeron, 25 dijo: ―Partan en dos al niño que está vivo, y denle una mitad a esta y la otra mitad a aquella. 26 La verdadera madre, angustiada por su hijo, le dijo al rey: ―¡Por favor, Su Majestad! ¡Déle usted a ella el niño que está vivo, pero no lo mate! En cambio, la otra exclamó: ―¡Ni para mí ni para ti! ¡Que lo partan! 27 Entonces el rey ordenó: ―No lo maten. Entréguenle a la primera el niño que está vivo, pues ella es la madre. 28 Cuando todos los israelitas se enteraron de la sentencia que el rey había pronunciado, sintieron un gran respeto por él, pues vieron que tenía sabiduría de Dios para administrar justicia.”

Incluso en una madre, pecadora, como esta prostituta, vemos el amor sacrificial hacia su hijo. Prefería que viviera con alguien más, a que fuera partido por la mitad. Pero el amor de Dios es millones de veces más profundo que el amor de una madre. Efesios 3:14 dice: “Por esta razón me arrodillo delante del Padre, 15 de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra. 16 Le pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, los fortalezca a ustedes en lo íntimo de su ser, 17 para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, 18 puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; 19 en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios.”

Pablo ora para que los cristianos de Efeso estén arraigados y cimentados en amor. Los árboles echan raíces profundas por eso están arraigados.
El amor de una madre, puede reflejar en alguna medida, la gracia de Dios.

Toda mamá debe mostrarles gracia a los hijos. La gracia es ese favor inmerecido. Es recibir algo que usted ni merece, ni se tiene la obligación de entregarlo, pero se entrega por amor. ¿En qué momento recuerda usted haber recibido gracia de su mamá? (cuente una o dos historias). Las mamás nos dan gracia, pero en nada, se compara ésta, a la gracia de Dios. Ese favor inmerecido que lleva a Dios a perdonarnos por medio del sacrificio de Jesús, cuando merecíamos muerte por nuestros pecados. No somos perdonados por nuestras obras, sino por las obras de Cristo, por medio de la fe y la gracia. Efesios 2:8 dice: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, 9 no por obras, para que nadie se jacte.”

Y Romanos 5:15 también dice: “Pero la transgresión de Adán no puede compararse con la gracia de Dios. Pues, si por la transgresión de un solo hombre murieron todos, ¡cuánto más el don que vino por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, abundó para todos! 16 Tampoco se puede comparar la dádiva de Dios con las consecuencias del pecado de Adán. El juicio que lleva a la condenación fue resultado de un solo pecado, pero la dádiva que lleva a la justificación tiene que ver con una multitud de transgresiones. 17 Pues, si por la transgresión de un solo hombre reinó la muerte, con mayor razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en vida por medio de un solo hombre, Jesucristo. 18 Por tanto, así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos. 19 Porque así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos. 20 En lo que atañe a la ley, esta intervino para que aumentara la transgresión. Pero, allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, 21 a fin de que, así como reinó el pecado en la muerte, reine también la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor.”

El amor de una madre, puede reflejar en alguna medida, el sueño de Dios. Una mamá sueña con que, a su hijo, le vaya bien en la vida. Una mamá anhela ver a sus hijos triunfar, formar un hogar, que sus hijos sean hombres y mujeres de bien. Jamás desea verlos esclavos de cualquier vicio, incluso aquellos que van más allá de las drogas, como la pornografía, video juegos y más… Dios también tiene un sueño para toda la humanidad desde el inicio. Y todo su corazón y voluntad incluso se resume en los dos mandamientos más importantes. Estos son su sueño. Un sueño que está por encima del sueño de toda mamá. Efesios 2:8 dice: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, 9 no por obras, para que nadie se jacte. 10 Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.”

El amor de una madre, puede reflejar en alguna medida, el dolor de Dios. Nadie sufre más cuando un hijo hace lo malo y enfrenta consecuencias difíciles, que una mamá. El día en que alguien deberá enfrentar la pena de muerte, muchos familiares de la víctima estarán felices, pero una madre llorará por ese pecador y transgresor. Le duele porque comprende, que el destino de su hijo, pudo haber sido diferente, si tan solo, hubiera escuchado el consejo. El corazón de una mamá, en cierta medida, nos muestra el dolor profundo de Dios, cuando su creación se rebela ante su voluntad, lo ignora y sigue su camino que será muerte y muerte eterna. Aún Noé, ante toda la raza humana perdida, encontró el favor de Dios y con él, volvió a iniciar una nueva creación. Y como el corazón del ser humano estaba torcido, necesitábamos del Arca verdadera, Jesucristo, que nos sacaría a flote del pecado. Génesis 6:5 dice:“Al ver el Señor que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal, 6 se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón. 7 Entonces dijo: «Voy a borrar de la tierra al ser humano que he creado. Y haré lo mismo con los animales, los reptiles y las aves del cielo. ¡Me arrepiento de haberlos creado!» 8 Pero Noé contaba con el favor del Señor. Esta es la historia de Noé. Noé era un hombre justo y honrado entre su gente. Siempre anduvo fielmente con Dios.”

Lo que el amor de una madre no puede hacer. El amor de una madre, no puede cargar con los pecados ni de sus hijos, ni de ella. Isaías 53:4 dice: “Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado. 5 Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. 6 Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros. 7 Maltratado y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador; y ni siquiera abrió su boca.”

El amor de una madre podrá ser inmenso, pero no puede cargar con los pecados ni de sus hijos, ni de ella. Ambos han quebrantado la ley de Dios y son encontrados convictos de pecado. Sólo Jesús puede cargar con nuestros pecados. El justo, murió por nosotros los injustos. 1 Pedro 3:18 dice: “Porque Cristo murió por los pecados una vez por todas, el justo por los injustos, a fin de llevarlos a ustedes a Dios. Él sufrió la muerte en su cuerpo, pero el Espíritu hizo que volviera a la vida.”

El amor de una madre, no puede convencer de pecado ni a sus hijos, ni a ella misma. Una mamá podrá rogarle a un hijo que abra sus ojos y vea su pecado y, sin embargo, él no lo verá. Sólo el Espíritu Santo puede convencer de pecados a sus hijos y a ella misma. Sólo el que reconoce su pecado y a Jesús como su Salvador, puede recibir la gracia de Dios en Jesús. 2 Corintios 4:3 dice: “Pero, si nuestro evangelio está encubierto, lo está para los que se pierden. 4 El dios de este mundo ha cegado la mente de estos incrédulos, para que no vean la luz del glorioso evangelio de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”

También Juan 16:5 dice: “»Ahora vuelvo al que me envió, pero ninguno de ustedes me pregunta: “¿A dónde vas?” 6 Al contrario, como les he dicho estas cosas, se han entristecido mucho. 7 Pero les digo la verdad: Les conviene que me vaya porque, si no lo hago, el Consolador no vendrá a ustedes; en cambio, si me voy, se lo enviaré a ustedes. 8 Y, cuando él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio; 9 en cuanto al pecado, porque no creen en mí; 10 en cuanto a la justicia, porque voy al Padre y ustedes ya no podrán verme; 11 y en cuanto al juicio, porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado. 12 »Muchas cosas me quedan aún por decirles, que por ahora no podrían soportar. 13 Pero, cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá solo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir. 14 Él me glorificará porque tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes. 15 Todo cuanto tiene el Padre es mío. Por eso les dije que el Espíritu tomará de lo mío y se lo dará a conocer a ustedes. 16 »Dentro de poco ya no me verán; pero un poco después volverán a verme».”

El amor de una mamá, no puede hacer de nuevo a sus hijos, ni a ella. Alguien, hablando sobre una persona muy malvada y descarriada en su vida dijo: “Este sólo se compone, volviéndolo a parir de nuevo”. Una mamá, no puede volver a parir de nuevo a un hijo. Cuanto desearían muchas mamás hacerlo para criar a sus hijos de diferente manera. Algunas, a lo mejor desearían volver a nacer de nuevo. En ambos casos, el amor de una madre no puede lograr esto. Pero el amor de Dios sí nos puede hacer nacer de nuevo y convertirnos en una nueva creación. 2 Corintios 5:17 dice: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! 18 Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: 19 esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación. 20 Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios». 21 Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.”

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