• abril 5, 2018

Tanto nos amó Dios ( Código – 2018- 112 )

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Cada domingo se celebra la resurrección de Jesucristo. Es probable que nos quejemos que no nos aman tanto. Porque nos rechazan, nos desprecian. Pero siempre recordamos a las personas que se han sacrificado por nosotros. Cuando piensa en personas así ¿en quién piensa? Su mamá o su papá, quizás. El cónyuge también. Algunos padres se sacrifican y dejan de comprarse cosas, comprarse un automóvil con tal de sostener a sus hijos. Se puede dar sin amar pero no se puede amar sin dar. Cuando amamos, damos. Por eso dice la Biblia que hay más dicha en dar que en recibir.


Por eso Juan 3:16 dice: “»Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. 18 El que cree en él no es condenado, pero el que no cree ya está condenado por no haber creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. 19 Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, pero la humanidad prefirió las tinieblas a la luz, porque sus hechos eran perversos. 20 Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. 21 En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios».”


Hay familias que dan a sus hijos para que formen parte del ejercito del mundo. Todos los que tenemos hijos los tenemos para darlos a la sociedad, para que sirvan como médicos, como misioneros, mecánicos u obreros. Por eso la pregunta más importante es ¿qué clase de hijos le vamos a dejar a este mundo? Si nosotros dejamos hijos honrados, educados, obedientes, serviciales, vamos a tener un mejor mundo. Por eso leemos que tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna, tenemos que reconocer que el amor de Dios es inmensurable.

Tanto nos amó Dios, que, aun siendo pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:6 dice: “A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado Cristo murió por los malvados. 7 Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. 8 Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Tanto nos amó Dios, que dejó que su Hijo fuera tentado en todo, pero sin pecado. Hebreos 4:15 dice: “Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.”

Muchos hemos sido tentados, Jesús sufrió lo mismo. La diferencia entre Jesús y nosotros es que él no pecó. Cuando dice que fue tentado en todo es en todo, pero sin pecado. Ser tentado no significa estar en pecado. Alguien dijo que no podemos evitar que los pájaros vuelen sobre nuestra cabeza, pero sí que hagan nido en ella. Por eso Jesús nos enseñó a orar para que Dios no nos deje caer en la tentación sino que nos libre del mal. Y el Padre nos amó tanto, que envió a su hijo para que experimentara esas tentaciones. Por eso tenemos que enseñarle a nuestros hijos a practicar el autogobierno, domino propio y aprender a decir no a las tentaciones.

Tanto nos amó Dios, que dejó que su Hijo muriera en la cruz para declararnos justos. Romanos 5:18 dice: “Por tanto, así como una sola transgresión causó la condenación de todos, también un solo acto de justicia produjo la justificación que da vida a todos. 19 Porque así como por la desobediencia de uno solo muchos fueron constituidos pecadores, también por la obediencia de uno solo muchos serán constituidos justos.”

Adán fue tentado en el jardín del Edén, en una condición perfecta. Pero in día cayó en la tentación, y desde entonces todos los seres humanos somos pecadores. Pero vino Jesús, el postrer Adán, que fue tentado en condiciones adversas, pero él venció en el desierto. Por eso fue suficiente para traernos la justificación.

Y Romanos 8:31 dice: “¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? 32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?”

Dios está de nuestra parte y nos dio a su único hijo para darnos salvación y vida eterna, y nos dio generosamente junto con Jesús, todas las cosas. Dios nos proveerá para todo, porque Él es nuestro pastor y nada nos faltará.

Tanto nos amó Dios, que, al tercer día, resucitó a Jesús y hoy intercede por nosotros a la diestra del Padre. Hechos 10:36 dice: “Dios envió su mensaje al pueblo de Israel, anunciando las buenas nuevas de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos. 37 Ustedes conocen este mensaje que se difundió por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan. 38 Me refiero a Jesús de Nazaret: cómo lo ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder, y cómo anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. 39 Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. Lo mataron, colgándolo de un madero, 40 pero Dios lo resucitó al tercer día y dispuso que se apareciera, 41 no a todo el pueblo, sino a nosotros, testigos previamente escogidos por Dios, que comimos y bebimos con él después de su resurrección. 42 Él nos mandó a predicar al pueblo y a dar solemne testimonio de que ha sido nombrado por Dios como juez de vivos y muertos. 43 De él dan testimonio todos los profetas, que todo el que cree en él recibe, por medio de su nombre, el perdón de los pecados.”

Romanos 8:33 dice también: “¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, e incluso resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros.”

Hay una tendencia muy humana de ser acusadores. Pero el único juez es Jesús, por eso debemos seguir el consejo de la Biblia de no juzgar. No debemos juzgar porque por lo general solo conocemos parte de la verdad, no toda la verdad. Por eso los rumores son solo parte de la verdad, y como cristianos no debemos caer en esa práctica.

Tanto nos amó Dios, que Jesús no abandonó a sus discípulos, sino que nos dejó al Espíritu Santo. Juan 14:26 dice: “Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho.”

Y en Juan 20:19 dice: “Al atardecer de aquel primer día de la semana, estando reunidos los discípulos a puerta cerrada por temor a los judíos, entró Jesús y, poniéndose en medio de ellos, los saludó. ―¡La paz sea con ustedes! 20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Al ver al Señor, los discípulos se alegraron. 21 ―¡La paz sea con ustedes! —repitió Jesús—. Como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes. 22 Acto seguido, sopló sobre ellos y les dijo: ―Reciban el Espíritu Santo.”

En la historia se registra que dos veces sopló Dios, en la creación del hombre dándole vida y cuando Jesús sopló, dio vida espiritual. Si usted es creyente en Cristo, usted ha recibido el poder, la guianza, la consolación del Espíritu Santo. Jesús está en los cielos, pero aquí tenemos al otro consolador, el Espíritu Santo.

Tanto nos amó Dios, que Jesús regresará por nosotros para llevarnos con él. Juan 14:1 dice: “No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí. 2 En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. 3 Y, si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté. 4 Ustedes ya conocen el camino para ir adonde yo voy.”

Jesús prometió que regresaría. No nos angustiemos. Hay hombres que han prometido irse y regresar, fallando a esa promesa. Pero Jesús si cumplirá su promesa de estar con él para siempre.

Tanto nos amó Dios, que ha preparado un cielo nuevo y una tierra nueva en donde no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor. Apocalipsis 21:1 dice: “Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. 2 Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. 3 Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. 4 Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir».”

La muerte nos causa mucho dolor, pero el Señor nos amó tanto que nos tienen preparado un cielo nuevo y tierra nueva. Apocalipsis 21:22 dice: “No vi ningún templo en la ciudad, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo. 23 La ciudad no necesita ni sol ni luna que la alumbren, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. 24 Las naciones caminarán a la luz de la ciudad, y los reyes de la tierra le entregarán sus espléndidas riquezas. 25 Sus puertas estarán abiertas todo el día, pues allí no habrá noche. 26 Y llevarán a ella todas las riquezas y el honor de las naciones. 27 Nunca entrará en ella nada impuro, ni los idólatras ni los farsantes, sino solo aquellos que tienen su nombre escrito en el libro de la vida, el libro del Cordero.”

Si hemos creído en Jesús, nuestro nombre está escrito en el libro de la vida.

¿Cómo no amar a un Dios que busca y salva al pecador arrepentido? La pregunta es ¿Qué tanto le amamos? Pedro negó a Jesús, y después que Jesús resucitó, lo buscó pero no lo condenó, sino le hizo la pregunta: ¿Pedro, me amas? Lucas 7:36 dice: “Uno de los fariseos invitó a Jesús a comer, así que fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. 37 Ahora bien, vivía en aquel pueblo una mujer que tenía fama de pecadora. Cuando ella se enteró de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de alabastro lleno de perfume. 38 Llorando, se arrojó a los pies de Jesús, de manera que se los bañaba en lágrimas. Luego se los secó con los cabellos; también se los besaba y se los ungía con el perfume. 39 Al ver esto, el fariseo que lo había invitado dijo para sí: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la que lo está tocando, y qué clase de mujer es: una pecadora». 40 Entonces Jesús le dijo a manera de respuesta: ―Simón, tengo algo que decirte. ―Dime, Maestro —respondió. 41 ―Dos hombres le debían dinero a cierto prestamista. Uno le debía quinientas monedas de plata, y el otro cincuenta. 42 Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. Ahora bien, ¿cuál de los dos lo amará más? 43 ―Supongo que aquel a quien más le perdonó —contestó Simón. ―Has juzgado bien —le dijo Jesús. 44 Luego se volvió hacia la mujer y le dijo a Simón: ―¿Ves a esta mujer? Cuando entré en tu casa, no me diste agua para los pies, pero ella me ha bañado los pies en lágrimas y me los ha secado con sus cabellos. 45 Tú no me besaste, pero ella, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. 46 Tú no me ungiste la cabeza con aceite, pero ella me ungió los pies con perfume. 47 Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama. 48 Entonces le dijo Jesús a ella: ―Tus pecados quedan perdonados. 49 Los otros invitados comenzaron a decir entre sí: «¿Quién es este, que hasta perdona pecados?» 50 ―Tu fe te ha salvado —le dijo Jesús a la mujer—; vete en paz.”

¿Cómo se habrá ido esa mujer que era señalada como la pecadora? Libre. Nosotros somos pecadores, pero nos sentimos libres porque tanto nos amó Dios que envió a Jesús para darnos salvación. Debemos amar a Dios tanto como la mujer amó a Jesús, derramemos ante él todo lo que tenemos. Cuando amamos, no escatimamos dar. Si amamos a Dios de verdad, debe notarse cuando damos.

Homer W. Grimes escribió este himno:
¿Qué te daré Maestro?
Te diste tu por mi
Menos daré de lo que obtendré
Oh, todo daré a ti.
Cristo mi salvador te diste tu por mi,
Tu hogar dejaste allí para morir por mi.
¿Qué te daré Maestro?
Te diste tu por mi
No la mitad mas todo mi ser
Yo lo daré a ti.
¿Qué te daré Maestro?
Me redimiste a mi,
Es pequeñez más mi todo es
Y todo lo entrego a ti.
Cristo mi salvador te diste tu por mi,
Tu hogar dejaste allí para morir por mi.
¿Qué te daré Maestro?
Te diste tu por mi
No la mitad mas todo mi ser
Yo lo daré a ti.
¿Qué te daré Maestro?
Divino donador
Tiempo y vigor, talento y ardor
Serán tuyos, oh Señor.
Cristo mi salvador te diste tu por mi,
Tu hogar dejaste allí para morir por mi.
¿Qué te daré Maestro?
Te diste tu por mi
No la mitad mas todo mi ser
Yo lo daré a ti.

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