• marzo 22, 2018

El día que Jesús murió ( Código – 2018-094 )

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Es un tema muy importante hablar de nuestro Señor crucificado. En la era actual hay muchos métodos para ejecutar sentencia de muerte a quienes han cometido delitos, y en el tiempo de Jesús era común la cruz. Miles de cruces se encontraban en los caminos romanos con delincuentes colgados, y luego los discípulos de Cristo sufrieron de esa manera. Jesús mismo, por amor a nosotros, decidió entregarse voluntariamente para morir por nosotros. Por eso cada vez que presentamos La Vía Dolorosa, brotan de nosotros lagrimas al ver, en manera de teatro lo que Jesús padeció por nosotros cuando tomó nuestro lugar. Nosotros debimos haber sufrido la paga del pecado que es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús nuestro Señor. En ese juicio viciado para condenar a Jesús, la multitud gritaba que liberaran a Barrabás en ves de Jesús. Y ese día en que él fue crucificado sucedieron distintos fenómenos sobrenaturales. Mateo 27:45 lo describe así: “Desde el mediodía y hasta la media tarde toda la tierra quedó en oscuridad. 46 Como a las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerza: ―Elí, Elí, ¿lama sabactani? (que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”). 47 Cuando lo oyeron, algunos de los que estaban allí dijeron: ―Está llamando a Elías. 48 Al instante uno de ellos corrió en busca de una esponja. La empapó en vinagre, la puso en una caña y se la ofreció a Jesús para que bebiera. 49 Los demás decían: ―Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo. 50 Entonces Jesús volvió a gritar con fuerza, y entregó su espíritu. 51 En ese momento la cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló y se partieron las rocas. 52 Se abrieron los sepulcros, y muchos santos que habían muerto resucitaron. 53 Salieron de los sepulcros y, después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. 54 Cuando el centurión y los que con él estaban custodiando a Jesús vieron el terremoto y todo lo que había sucedido, quedaron aterrados y exclamaron: ―¡Verdaderamente este era el Hijo[i] de Dios! 55 Estaban allí, mirando de lejos, muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. 56 Entre ellas se encontraban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.”

Nosotros debemos creer que Jesús es el hijo de Dios, no como muchos de los que presenciaron la muerte de Jesús que no creían, sino hasta al final exclamaron que verdaderamente él era hijo de Dios. Y notemos que también dice que ahí habían muchas mujeres. Qué importante es que nosotros sigamos al Señor en medio de las dificultades, no solo en la bonanza. Debemos ser firmes en nuestra convicción de seguir a Jesús. No nos extraemos que por causa de Cristo seamos perseguidos, porque seremos bienaventurados.

De las primeras cosas que Mateo menciona es que todo quedó en oscuridad. Como cuando sucede en los eclipses solares que hemos experimentado, que son cortos de tiempo. Pero en Jerusalem, aquél día fue largo. Y eso generó, posiblemente, conversaciones de miedo. Casi todos le temen a la oscuridad. Y es que en la oscuridad estamos indefensos. Una fiera salvaje puede fácilmente vernos, pero nosotros no a ella. En la oscuridad no sólo somos presas fáciles, no podemos ver nada. Amós 8:1 dice: “El Señor omnipotente me mostró en una visión una canasta de fruta madura, 2 y me preguntó: ―¿Qué ves, Amós? ―Una canasta de fruta madura —respondí. Entonces el Señor me dijo: ―Ha llegado el tiempo de que Israel caiga como fruta madura; no volveré a perdonarlo. 3 »En aquel día —afirma el Señor omnipotente—, las canciones del palacio se volverán lamentos. ¡Muchos serán los cadáveres tirados por todas partes! ¡Silencio!» 4 Oigan esto, los que pisotean a los necesitados y exterminan a los pobres de la tierra. 5 Ustedes dicen: «¿Cuándo pasará la fiesta de luna nueva para que podamos vender grano, o el día de reposo para que pongamos a la venta el trigo?» Ustedes buscan achicar la medida y aumentar el precio, falsear las balanzas 6 y vender los deshechos del trigo, comprar al desvalido por dinero, y al necesitado, por un par de sandalias. 7 Jura el Señor por el orgullo de Jacob: «Jamás olvidaré nada de lo que han hecho. 8 »¿Y con todo esto no temblará la tierra? ¿No se enlutarán sus habitantes? Subirá la tierra entera como el Nilo; se agitará y bajará, como el río de Egipto. 9 »En aquel día —afirma el Señor omnipotente—, »haré que el sol se ponga al mediodía, y que en pleno día la tierra se oscurezca. 10 Convertiré en luto sus fiestas religiosas, y en cantos fúnebres todas sus canciones. Los vestiré de luto y les afeitaré la cabeza. Será como si lloraran la muerte de un hijo único, y terminarán el día en amargura.”

A veces hay pueblos tan rebeldes, tan desobedientes a los mandatos al Señor que les llega la oscuridad, sinónimo de juicio de Dios. Que el Señor nos guarde de ser desobedientes a su Palabra.

Ahora, a Jesús no le quitaron la vida. Él podía pedir ángeles para que llegaran en su auxilio. Jesús entregó su vida para redimirnos de nuestros pecados en obediencia al Padre. Esta era la copa, que Jesús oró si fuera posible que pasara. Bebía la copa de la muerte y entrega su vida – su espíritu –, Jesús moría como mortal. Hebreos 5:7 dice: “En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión. 8 Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; 9 y, consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen, 10 y Dios lo nombró sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.”

Jesus es autor de salvación eterna. Mateo 26:50 dice: “―Amigo —le replicó Jesús—, ¿a qué vienes? Entonces los hombres se acercaron y prendieron a Jesús. 51 En eso, uno de los que estaban con él extendió la mano, sacó la espada e hirió al siervo del sumo sacerdote, cortándole una oreja. 52 ―Guarda tu espada —le dijo Jesús—, porque los que a hierro matan, a hierro mueren. 53 ¿Crees que no puedo acudir a mi Padre, y al instante pondría a mi disposición más de doce batallones de ángeles? 54 Pero, entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras que dicen que así tiene que suceder? 55 Y de inmediato dijo a la turba: ―¿Acaso soy un bandido, para que vengan con espadas y palos a arrestarme? Todos los días me sentaba a enseñar en el templo, y no me prendieron. 56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumpla lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.”

Qué tristeza la que Jesús experimento al ver a sus discípulos abandonarlo dejándolo solo. Pero era para que se cumpliera la profecía. Salmo 22:1 dice: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Lejos estás para salvarme, lejos de mis palabras de lamento.”

Jesús gritó fuertemente “Dios mío ¿porqué me has desamparado?” y lo gritó de es manera porque así estaba escrito. Dios es santo y no soporta el pecado, por eso Dios dejó solo a Jesús mientras él pagaba el precio de nuestros pecados. Y por eso debemos vivir agradecidos con Jesús por haber dado su vida para que hoy gocemos de perdón de pecados, de vida en abundancia y vida eterna en el cielo. Jesús voluntariamente entregó su vida para salvarnos.

Pasó algo más cuando el murió. La cortina del santuario del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, ahora todos tenemos acceso a la misma presencia del Padre en Jesús.El velo que separaba el lugar Santísimo y a donde sólo una vez al año entraba el Sumo Sacerdote se rasgó en dos.
La cortina separaba en el templo de reunión, el lugar santo del lugar Santísimo. En ese lugar únicamente entraba el Sumo Sacerdote, uno de los descendientes de Aarón. La tradición dice que le colocaban una campana y un lazo amarrado al pie del sacerdote, ya que este podía morir por su pecado delante de la presencia de Dios. Este lugar demostraba que no teníamos acceso a la presencia de Dios sino únicamente por medio del Sumo Sacerdote, una vez al año y sólo por medio de la sangre de un Cordero que moría por los pecados del sacerdote y luego por el pueblo.
El velo rasgado en dos, de arriba abajo, representa que, en el nuevo pacto, todos tenemos acceso ante Dios y que el verdadero Cordero es Jesús. El velo que separa el lugar santo del lugar santísimo se ha rasgado en dos, simbolizando que todos ahora tienen acceso directo al Padre en Jesús. La sangre de animales ya no será necesario, Jesús, es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El velo se rasgó de arriba abajo, lo que nos dice que Dios rasgó el velo.

Josefo, un historiador judío comentó que el velo del templo medía 20 por 10 metros con 5 centímetros de espesor e hilos de oro. Se necesitaban aproximadamente 70 hombres para trasladar el velo y que si ponían un caballo en cada extremo y jalaran el velo, no podrían romperlo. Pero cuando Jesús murió, el velo se rasgó en dos. Con eso, nos dio acceso a la presencia de Dios, estemos donde estemos tenemos entrada libre al trono de la gracia. Hebreos 4:14 dice: “Por lo tanto, ya que, en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. 16 Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.”

Habrán días en las que necesitemos la gracia y misericordia de Dios y solo tendremos que elevar una oración y Dios nos escuchará, gracias a Jesucristo, nuestro sumo sacerdote. 1 Timoteo 2:5 dice: “Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6 quien dio su vida como rescate por todos. Este testimonio Dios lo ha dado a su debido tiempo, 7 y para proclamarlo me nombró heraldo y apóstol. Digo la verdad y no miento: Dios me hizo maestro de los gentiles para enseñarles la verdadera fe.”

El día que Jesús murió todo el lugar estaba oscuro; Jesús ha entregado su espíritu; en el templo de los judíos, el velo se ha rasgado en dos y ahora hay un terremoto y se parten las rocas. Esto era algo impresionante. Todos podían ver estos acontecimientos sobrenaturales y divinos que demostraban que Jesús era el Hijo de Dios. No un simple mortal muriendo, sino Jesús reconciliándonos con el Padre. Se abrieron los sepulcros y después de la resurrección de Jesús entraron en la ciudad santa y se les aparecieron a muchos.

Mateo 14:22 dice: “En seguida Jesús hizo que los discípulos subieran a la barca y se le adelantaran al otro lado mientras él despedía a la multitud. 23 Después de despedir a la gente, subió a la montaña para orar a solas. Al anochecer, estaba allí él solo, 24 y la barca ya estaba bastante lejos de la tierra, zarandeada por las olas, porque el viento le era contrario. 25 En la madrugada, Jesús se acercó a ellos caminando sobre el lago. 26 Cuando los discípulos lo vieron caminando sobre el agua, quedaron aterrados. ―¡Es un fantasma! —gritaron de miedo. 27 Pero Jesús les dijo en seguida: ―¡Cálmense! Soy yo. No tengan miedo. 28 ―Señor, si eres tú —respondió Pedro—, mándame que vaya a ti sobre el agua. 29 ―Ven —dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. 30 Pero, al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: ―¡Señor, sálvame! 31 En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió: ―¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? 32 Cuando subieron a la barca, se calmó el viento. 33 Y los que estaban en la barca lo adoraron diciendo: ―Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.”

Los que estaban en la barca lo adoraron diciendo “verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.” Jesús es el hijo de Dios. Eso dijo también el centurión al pie de la cruz “verdaderamente Jesús es el hijo de Dios.”

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