• marzo 1, 2018

Mi oración en aniversario ( Código – 2018-067 )

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Estuve orando para poder compartir con ustedes en su 39 Aniversario y el Señor me llevó al libro de Filipenses. La iglesia de Filipos es una iglesia magnífica, muy parecida a La Fráter. Una iglesia de vanguardia, pionera en muchos aspectos. Filipos fue la primera iglesia de Europa, el evangelio entró a Europa a través de los filipenses. Ellos fueron pioneros en evangelizar, fueron generosos y dadivosos. Pablo habla de los macedonios, alabando su acción de, incluso pedirle que por favor, les dejara enviarle ofrendas para los santos de Jerusalén. Así como La Fráter ha apoyado nuestro ministerio a través de los años.

A través de los años ustedes y nosotros, hemos tenido una historia de caminar juntos y en la obra del Señor. Recordaba que hace varios años, cuando solo estaban en la sede que está en la Calzada Roosevelt, tuvimos el Seminario Cultura Financiera, el programa de alfabetización financiera más grande en la historia de nuestro ministerio. Y lo hicimos aquí en La Fráter.

Nos han apoyado con su amistad, han sido de mucha bendición. Y su actitud refleja lo que dice Filipenses 1:8 que dice: “Dios es testigo de cuánto los quiero a todos con el entrañable amor de Cristo Jesús.” 


De verdad, mi esposa y yo les amamos. Dios es testigo delante de nosotros les amamos con el entrañable amor de Cristo Jesús, y cada vez que puedo predicar aquí es un gran gozo.

Entonces, meditando en qué sería lo que Dios quiere para nosotros, pensé que mi oración para ustedes debería ser la misma que Pablo tuvo para los de Filipos, y lo escribió en Filipenses 1:9: “Esto es lo que pido en oración: que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio, 10 para que disciernan lo que es mejor, y sean puros e irreprochables para el día de Cristo, 11 llenos del fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.”

Junto con el apóstol Pablo, hay 3 cosas que pido al Señor para ustedes en este 39 Aniversario.

Primero, que abunden en amor los unos para los otros. El amor debe abundar cada vez más, ese es mi deseo para ustedes. Dios no nos ha llamado a ser cristianos en el cuerpo de Cristo. Cuando Jesús nos dio la Gran Comisión, en Mateo 28, no nos mandó a hacer cristianos, sino discípulos. El llamado de Jesús es para ir y hacer discípulos. Hay una gran diferencia entre un cristiano y un discípulo. Uno puede ser cristiano por cultura, por familia. Algunos dirán que sus abuelos, sus padres, su familia es cristiana, por eso ellos también son cristianos. O porque la sociedad es mayormente cristiana, entonces son cristianos. Pero Dios no nos llama a ser cristianos, sino discípulo. Un discípulo es un seguidor de Jesucristo, alguien que pueda decir como el apóstol Pablo: sean imitadores de mí. Los seguidores de Jesús nos comportamos como Jesús, pensamos como Jesús, tomamos decisiones como Jesús. No solo venimos a la iglesia unas cuantas veces por semana, no solo celebramos algunas fiestas. Los seguidores de Jesús estamos revestidos de Jesús. Cuando entramos a algún lugar, Jesús entra con nosotros.
Sin embargo, algo importante es saber si somos discípulos de Jesús, ¿cómo saber la diferencia entre un cristiano religioso y un discípulo de Jesús? En Juan 13:35 dice: “De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros”.”

El amor que hay entre los hermanos en la fe, es una señal que somos discípulos de Jesús. El amor no es un sentimiento sino una decisión. Tengo casi 30 años de ejercer el pastorado y cuando damos consejería muchas veces me dicen que ya no se aman. Y mi respuesta siempre es la misma: ámense. Porque el amor es una decisión. Por eso dice que debemos amar a nuestros enemigos. El amor debe ser incondicional. El amor condicional es cuando es antepuesto con un “sí”, te amo sí haces esto o aquello, te amo sí eres esto o aquello. Otro condicionante es cuando se ama “porque”, te amo porque tienes esto o aquello, te amo porque eres esto o aquello.

Pero el amor entre nosotros debe ser incondicional, “a pesar de”, te amo a pesar de que tienes mal carácter. La palabra dice que Dios muestra su amor por nosotros que a pesar de que estábamos en nuestros pecados, Cristo murió por nosotros. Así nos debemos amar unos a otros. El amor cubre multitud de pecados, así lo dice 1 Pedro 4:8: “Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados.”
Y 1 Corintios 13:4 dice: “El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. 5 No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. 6 El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. 7 Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”

Tenemos que aprender a perdonarnos unos a otros. El Dr. Jaime Mirón, quien trabaja con el Dr. Luis Palau, escribió un libro sobre la amargura que se llama “La amargura, el pecado más contagioso.” Una de las cosas que dice allí es que uno de los grandes problemas del amargado es que tiene razón, porque algo le pasó y por eso está amargado. Y todos los que tiene alrededor, alimentan esa amargura. Tenemos que aprender a perdonarnos y amarnos unos a otros y a permitir que el amor cubra multitud de faltas. Hay que perdonar a los que nos ofenden. Hay que echar afuera toda raíz de amargura.

Aprendí que uno perdona no porque seamos buenos, sino porque sabemos que Dios nos ha perdonado. Y cuando tenemos conciencia de cuánto Dios nos ha perdonado, entonces podemos perdonar a los demás. Eso hacen los discípulos de Jesús.

Segunda que pido a Dios para ustedes, que abunden en el conocimiento de la Palabra, en conocimiento y buen juicio. Todo lo que compramos viene con un manual, un vehículo, un microondas, una estufa. Todo. Así nosotros tenemos un manual de instrucciones, La Biblia. No es para que andemos con una cara de amargados porque la leímos, ni pensemos que Dios la dejó para hacer nuestra vida miserable. Y está comprobado que los que conocemos a Dios somos más felices porque aprendimos a vivir la vida en abundancia.

Para tener conocimiento y buen juicio debemos amar la Palabra, enamorarnos de ella, leerla todos los días, meditar en ella, tener pasión por la sana doctrina y colocar la Palabra de Dios en el centro de nuestro ser y nuestro hacer.

Y finalmente, mi oración para ustedes es que abunden en buenas obras, viviendo en santidad. Filipenses 1:10 dice: “para que disciernan lo que es mejor, y sean puros e irreprochables para el día de Cristo, 11 llenos del fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.”

El apóstol Pablo nos anima a vivir en santidad, no solamente tenemos que conocer la Palabra, sino que amarla, predicarla; debemos vivir la Palabra. Efesios 4:15 dice: “Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo.”

Por sobre todas las cosas debemos vivir la verdad. Muchas veces las personas se quejan y nos acusan de hipócritas, y algunas veces tienen razón. Cuando no pagamos los impuestos, cuando pagamos a las autoridades por favores. Los discípulos de Jesús son honestos, fieles, personas de palabra, generosos e íntegros.

Hagamos un compromiso de amar, leer y abrazar la Palabra de Dios y de vivir en santidad.

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