Ahora sí que vivimos… ( Código – 2018-023 ) – Radios Fráter
  • enero 24, 2018

Ahora sí que vivimos… ( Código – 2018-023 )

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Las noticias buenas siempre alegran. ¿Cuántos se alegran cuando hay noticias buenas? Las buenas noticias siempre caen bien. Un aumento de sueldo, un permiso para construir.
Proverbios 13:12 dice: “La esperanza frustrada aflige al corazón; el deseo cumplido es un árbol de vida.” Los que hemos podido tener nuestros hijos, en el tiempo que lo panificamos, no entendemos qué es tener un deseo que no se cumpla. Hay muchos que pasan toda una vida deseando tener un hijo y no pueden. Y cuando de repente el Señor les bendice y pueden tener un hijo, hay un árbol de vida que les da la alegría de ver el deseo cumplido.

Todos tenemos angustias en la vida. Y nos hacen clamar al Señor y buscarle para que nos resuelva.
Pablo ha estado angustiado por los nuevos creyentes en la ciudad de Tesalónica, a quienes debió dejar al salir huyendo, eso lo vemos en Hechos 17:1-10. Pero en los pocos días que estuvo allí, le predicó a un grupo de personas que luego formaron la iglesia de Tesalónica. No me imagino qué angustia hubiera sentido yo si al mes de haber iniciado Fraternidad Cristiana de Guatemala, allá en 1979, hubiera tenido que salir huyendo del país.
Si usted se va corriendo de su casa para salvar su vida, pero deja atrás familia o hijos recienacidos, eso es un gran problema. ¡Qué angustia! Pero la Biblia dice “jóven fui y ahora que estoy viejo no he visto justo desamparado ni su decendencia que mendigue pan”. Y yo lo he visto. Porque el Señor cuida de sus hijos y provee para las necesidades de aquellos que dependen de él.

1 de Tesalonicenses 3:1 dice: “Por tanto, cuando ya no pudimos soportarlo más, pensamos que era mejor quedarnos solos en Atenas. 2 Así que les enviamos a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, con el fin de afianzarlos y animarlos en la fe 3 para que nadie fuera perturbado por estos sufrimientos. Ustedes mismos saben que se nos destinó para esto, 4 pues cuando estábamos con ustedes les advertimos que íbamos a padecer sufrimientos. Y así sucedió. 5 Por eso, cuando ya no pude soportarlo más, mandé a Timoteo a indagar acerca de su fe, no fuera que el tentador los hubiera inducido a hacer lo malo y que nuestro trabajo hubiera sido en vano.”
La situación es que habían sido separados de Pablo; su padre espiritual. Pero Pablo envia a Timoteo para animarlos y afianzarlos en la fe. Los hijos pequeños son 100% dependientes de nosotros los adultos.

El propósito por el cual Pablo envió a Timoteo fue para animarlos y afianzarlos en la fe.
Los cristianos en Tesalónica eran nuevos creyentes. Tres sábados seguidos estuvo Pablo en la sinagoga y desconocemos cuánto tiempo más después con ellos. Pero aún estaban tiernos en la fe. Timoteo iba a animarlos y a afianzarlos en la fe.

El riesgo era que olvidaran la advertencia de que iban a padecer sufrimientos. Ya Jesús lo había dicho cuando dijo que en el mundo tendríamos aflicciones. Todos las tenemos, y las tendremos. Quizas en la escuela, en el trabajo, en todo lugar.

Esa era la angustia de Pablo. ¿Están firmes en la fe o hicieron lo malo y su trabajo fue en vano? Y por parte de los tesalonicenses: ¿será que verdaderamente Pablo y Silvano nos amaban y era verdad lo que enseñaron y creímos? Eso nos pasa con los niños. Mientras más pequeños son, más necesitan de nosotros.
Recuerdo que un día desperté y notaba que todos pasaban cerca de mi cama, pero yo no estaba en mi cama, estaba en el suelo, me había caido. Por eso uno está pendiente de sus hijos pequeños. Algunas veces, por más seguirdad que les ponemos a los hijos, ellos se las saltan. Así fueron mis hijos. Ahora nos cuentan de todas las travesuras que hiceron de niños.
Lo mismo ocurre con los hijos espirituales. Hay que cuidarlos. Algunos regresan al licor, al adulterio. Tenemos que cuidarlos como que si fueran nuestros hijos naturales. Hay que enseñarles a comer de la Palabra hasta que aprendan por sí solos.
Pablo recibió de Timoteo un informe alentador y dice 1 de Tesalonicenses 3:6: “Ahora Timoteo acaba de volver de Tesalónica con buenas noticias de la fe y del amor de ustedes. Nos dice que conservan gratos recuerdos de nosotros y que tienen muchas ganas de vernos, tanto como nosotros a ustedes. 7 Por eso, hermanos, en medio de todas nuestras angustias y sufrimientos ustedes nos han dado ánimo por su fe. 8 ¡Ahora sí que vivimos al saber que están firmes en el Señor! 9 ¿Cómo podemos agradecer bastante a nuestro Dios por ustedes y por toda la alegría que nos han proporcionado delante de él? 10 Día y noche le suplicamos que nos permita verlos de nuevo para suplir lo que le falta a su fe.”
Pablo no estaba viviendo, estaba anguistiado, por eso dice ¡ahora sí! porque recibió el informe alentador de Timoteo. Los Tesalonicenses permanecían firmes en la fe y en amor. Eso debemos pretender en los creyentes nuevos, que estén firmes en la fe y en amor. Debemos cuidar que permanezcan firmes.
Hace unos años tuvimos un camarógrafo en La Fráter Roosevelt, y de repente vi que él desaareció y la cámara cayó del segundo nivel. ¡Me preocupé que le cayera a alguien abajo! La persona se había desmayado. No permaneció de pie. Nosotros debemos permanecer.
Los gimnasios son buenos cuando inicia el año están llenos, llega Semana Santa y están vacíos. Las personas no permanecen. Los casados deben permanecer firmes en su matrimonio. Al principio todos están esbeltos, bien parecidos, pero al transcurrir los años eso desaparece. Pero tiene que permanecer.

Si algo es importante es permanecer. Platiqué con una familia de misioneros que me recordaron una prédica de hace años cuando dije que los cristianos no debemos ser cristianos maceta, que las mueven de un lado a otro. Debemos echar raices, permanecer, perseverar. Como las palmeras, que no se quiebran.
Vendrán los problemas en la familia, trabajo o escuela. Debemos permanecer firmes. Vivimos firmes en el Señor.

Pablo está aliviado: ¡Ahora sí que vivimos al saber que están firmes en el Señor! ¡Qué corazón! Su angustia no es su vida, sino la vida de los nuevos creyentes, miembros del Cuerpo de Cristo y que esperan el reino de Dios.
Y ora para verlos de nuevo: para suplir lo que le falta a su fe. Están firmes en la fe, pero el informe de Timoteo también muestra que hay algo que le falta a su fe. Y es lo que estudiaremos en las siguientes semanas, según sigamos estudiando la primera carta a los Tesalonicenses.

Tengamos la misma preocupación y amor de Pablo por todo nuevo creyente. Somos llamados a tener la misma preocupación y amor que Pablo tuvo por los nuevos creyentes en Tesalónica, por cada amigo que se convierte al evangelio o nos es asignado para que lo discipulemos. Cuando guiamos en una oración de arrepentimiento de pecados, a una persona que ha creído en el Evangelio. El perdón de Dios por medio del sacrificio de Jesús, es inmediato. Pero ahora comienza esta persona un proceso de santificación que termina hasta el día de su muerte.

Nuestra tarea al discipular y enseñar a todo nuevo creyente es que permanezca en la fe y el amor. Permanecer en la fe y en amor, es vivir el conjunto de las doctrinas bíblicas reveladas en la Palabra, mientras nos amamos unos a otros como Jesús nos amó. Jesús nos amó hasta la muerte y muerte de cruz.
Hay creyentes que parecen árboles de Navidad, que se encienden y se apagan. Debemos amar siempre. A los hijos se les ama igual cuando llegan con buenas notas o no tan buenas notas.

Somos llamados a suplir lo que le falta a la fe de todo creyente. Timoteo regresó con buenas noticias, pero a la vez, hay cosas en las que los nuevos creyentes de Tesalónica deben ser enseñados aún en la fe.
Recursos hay para que nada le haga falta a sus fe. Inscríbase al primer nivel “Mis primeros pasos” de La Facultad de la Fe y Liderazgo, en 8 meses, una hora y media a la semana. Si ya la cursó, estudie el segundo nivel “Hacia la madurez” de La Facultad de la Fe y Liderazgo.

Todos necesitamos reflejar la actitud de servicio de Timoteo. Timoteo sabía que podia sufrir persecusión en Tesalónica, aunque gracias a Dios no le pasó nada. Así debemos ser nosotros.
Recuerda el texto del versículo 2 “Así que les enviamos a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo”. Sirva como Timoteo. Dispuesto a trabajar por la obra del Evangelio, es enviado por Pablo solo a Tesalónica. Sin excusas, sin personas, sino con pasión. ¿Le trata de menos Pablo? Nunca, lo llama: hermano nuestro. Un mismo nivel, uno en Cristo y todos sirviendo a Cristo. Dese cuenta de algo más. Pablo no lo llama un colaborador suyo. Sino que lo llama “Un colaborador de Dios en el evangelio de Cristo”.

Cuando usted sirve a otros, está sirviendo a Dios. Jesús dijo en una ocasión: no los conozco. Y cuando le preguntaron porqué lo había dicho dijo: cuando no me visitaron en la carcel, no me dieron de comer. Y no es que él haya estado en esa situación pero: “por cuanto no lo hiceron con uno de mis pequeños…”
Viva siempre dispuesto a ser un colaborador de Dios en pro del avance del Evangelio.
Ayudemos aquella persona en nuestra célula, en nuestro trabajo, en nuestra escuala como si fuera el Señor Jesús.

Como cristianos, no nos sorprendamos cuando suframos. 1 de Tesalonicenses 3:2 dice: “Así que les enviamos a Timoteo, hermano nuestro y colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, con el fin de afianzarlos y animarlos en la fe 3 para que nadie fuera perturbado por estos sufrimientos. Ustedes mismos saben que se nos destinó para esto, 4 pues cuando estábamos con ustedes les advertimos que íbamos a padecer sufrimientos. Y así sucedió.” Si usted ve que su lider de célula sufre, no se perturbe. No juzgue, no pregunte qué pecado habrá cometido. No todo el sufrimiento es por el pecado. Algunos tienen problemas de salud, como aquel paralitico que llevaron frente a Jesús. No fue culpa de los padres, sino para que la gloria de Dios fuera manifiesta. Dios se manifestará en nuestras vidas.

Imitemos a Pablo y Timoteo, asegurémonos que aquellos hermanos en la fe, que asistían a nuestra célula y ya no van, que servían con nosotros y ya no lo hacen, para que regresen.
Seguramente estén atravesando un problema muy difícil, busquémolos. Dios tiene el poder de transformar la vida de las personas.

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