Hijos de honra (2015-127) – Radios Fráter
  • abril 26, 2015

Hijos de honra (2015-127)

Escuche:

Nuestro país está pasando por tiempos difíciles y leemos en la Palabra que dichosa la nación cuyo Dios es el Señor. Y hoy creo que es necesario que unamos nuestras voces, no solo para cantar el Himno Nacional sino para orar.

Mi abuelito paterno se llama Federico García y de cariño le decimos papá Lico. Una de mis paredes favoritas está en la casa de mis abuelos. Desde que era pequeña miraba la colección de fotografías, tenían fotos desde que eran niños hasta mi papá, mis tíos y todos nosotros. La historia del abuelo estaba en esa pared, lo que más me gustaba ver era un certificado que decía: Hijo Predilecto de Cubulco, porque de ahí es. Me daba un orgullo especial pensar que había sido nombrado Hijo Predilecto, no entendía en ese momento lo que significaba, pero definitivamente comprendía que mi abuelo era un buen vecino de Cubulco, que era un hombre que había trabajado por su municipio, por su área y era como un hijo de honra, alguien que trajo honor, alguien que trajo paz, edificó las vidas de su vecindad, de su comunidad. Realmente hay mucho que podemos decir acerca de ser hijo de honra y más que honrar a nuestro país, más alto que eso está honrar a nuestro Padre celestial.

El Libro de los Salmos ha sido llamado libro de oraciones cantadas. Todos los estudiosos de la Palabra, todos los teólogos concuerdan en que fue editado, arreglado, compaginado y diseñado para tener un fluir y para tener un sentido, es como un himnario. Y no es casualidad que se abra esta compilación de cantos con el Salmo 1, un contraste muy claro entre dos tipos de personas, dos tipos de hombres: Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera! En cambio, los malvados son como paja arrastrada por el viento. Por eso no se sostendrán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos. Porque el Señor cuida el camino de los justos, mas la senda de los malos lleva a la perdición (Salmo 1: 1-6).

Hoy vamos a entrar a este salmo y tratar de comprender qué es lo que nos está diciendo. Empieza describiendo a un dichoso. Cuando uno es joven ama la música, no sé por qué se da más en la adolescencia, un adolescente con un teléfono celular está con los audífonos puestos y cantando canciones todo el tiempo. Recuerdo que las canciones que más me gustaban eran las que podían decir mejor lo que yo sentía, que lo que yo podía decir. Los Salmos son canciones que expresan mejor lo que sentimos, que nosotros mismos. Empieza diciendo dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados. Dichoso puede ser traducido como bienaventurado, como feliz y en algunas traducciones como alguien que está completo, que no le falta nada. En el mundo le dirían un suertudo, qué dichoso y nos empieza diciendo lo que el hombre dichoso no hace. Dice, dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos. Detenerse es pararse a oír, me recuerda a Eva, en Génesis, esta mujer le puso oídos a la serpiente que era enemigo de Dios disfrazado y paró, escuchó y entabló conversación. Oír, detenerse y luego sentarse nos indica una manera de vivir, una manera de tener hábitos. Usted escucha a alguien cuando le llama la atención lo que está diciendo. Pone atención, ese es el primer paso para entablar una relación, escuchar, se para y finalmente se sienta y se acomoda.

Recuerdo cuando llegaba mi tía Hilda a visitar a mi mamá. A las mujeres nos fascina platicar. Mis hijos cuando llegaba mi mamá o mi suegra y ellas decían me tengo que ir o se ponían el bolso en el hombro, uno de ellos decía que les ofreciera otro café, porque sabían que si había café, había plática y se quedaban otro largo rato. Y con mi tía Hilda era lo mismo, llegaba y cuando se despedía mi mamá la acompañaba al portón y ahí se quedaban otros cinco minutos. Cuando mirábamos que estaban muy amenas platicando mi prima y yo nos íbamos a jugar. Al rato las íbamos a ver y no estaban en el portón. Mi tía en el carro, mi mamá sentada en el asiento del copiloto a seguir platicando. Y la invitación a otro cafecito y para adentro de la casa, y nosotras felices jugando hasta la noche.

Oír es el primer paso, luego detenernos, sentarnos y acomodarnos. Las cosas no empiezan mal, no llegan a estar mal de un día a otro. Uno no empieza un día se despierta y dice que ya no siente amor por el Señor, no quiero leer la Biblia, no quiero orar, no quiero hablar de las cosas de Él. Uno no se despierta así de la noche a la mañana, uno empieza un proceso de enfriamiento que muchas veces, si no es la mayoría o en el cien por ciento de las veces, tiene que ver con el qué oigo, a quién oigo, con quién me detengo a platicar, qué es el lugar donde yo me estoy acomodando. La Palabra es clara y dice: ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo? Andar con alguien implica que estoy aprobando ese estilo de vida y me está gustando, tengo en común y estoy de acuerdo.

El dichoso no se detiene en la senda de los pecadores, no cultiva la amistad de los blasfemos. Quizá usted conozca la versión de la Reina Valera que dice: Ni en silla de escarnecedores se ha sentado. Es posible que lo haya repetido varias veces y no sabe qué es eso. Es alguien que se burla de Dios. Y burlarse de Dios, no necesariamente es que alguien se ría abiertamente de las cosas de Dios, pero si se sacude los zapatos, levanta los hombros, entorna los ojos, en su corazón no interesa y sí hay una indiferencia hacia Dios. Eso es suficiente para ser un burlador de las cosas de Dios.

Este hábito de escuchar, de andar, de sentarse, de detenerse y de cultivar esa amistad solo indica que hay más confianza en el hombre que en Dios, que estamos más interesados en oír las palabras de los hombres que la Palabra de Dios. Esto incluye dentro de la iglesia y con esto hay que tener mucho cuidado. La Palabra, dice en 2 Timoteo, que va a llegar el día en que la gente se va a juntar a escuchar lo que quiere oír y van a haber maestros que van a decir lo que queremos oír. Yo le quiero preguntar, usted contéstese en su propio corazón, ¿su deleite es escuchar lo que quiere oír o — aunque le duela — escuchar la verdad de la Biblia? Porque una entretiene, la otra transforma. La otra confronta y transforma.

Este hombre dichoso no confía en lo que dice la gente, porque la gente, ustedes y yo, tenemos corazones bien engañosos, créame que si usted se está juntando aquí a escucharme a mí, esperando que yo le diga un buen consejo, estamos perdidos. Yo en mi humanidad y en mi carne no tengo absolutamente nada de valor ni de transformación para su vida. Un predicador, únicamente es un mensajero de la verdadera Palabra de Dios que es viva y eficaz, que penetra hasta lo más profundo y discierne hasta las coyunturas, para poder indicarnos y diagnosticarnos, si es necesario, de algo profundamente mal. Es muy diferente, esto no quiere decir que nosotros vamos a estar en un club cristiano, porque somos sal y somos luz, a nosotros se nos encomendó ir y hacer discípulos, pero es algo muy diferente ser luz y sentarme con gente que lo necesita y por amor a Su nombre abra la boca y sea valiente en decir la verdad, y muy diferente es que yo me ría, aplauda y haga lo que la gente que no ama y no teme al Señor está haciendo.

El cristianismo no se define meramente por lo que no hacemos, si usted en su mente dice que el cristiano es una persona que no hace esto, que no hace lo otro y tiene una lista de prohibiciones y que eso, para usted, es ser cristiano, créame, yo empacaría mis cosas y me iría ahorita, porque eso no es un estilo de vida lleno de gozo ni de vida abundante, esto es religión. Hemos estado viendo los pasados fines de semana “Religión versus Evangelio”, regresar al primer amor. La vida con Cristo no es una lista de no haga no haga, no haga, ni tampoco de haga, haga, haga. El verdadero cristiano no se conoce por lo que no hace sino se conoce por lo que lo deleita, esa es una cita de John Piper. El verdadero cristiano no se conoce por lo que se abstiene sino por lo que lo deleita, qué es lo que mueve su corazón, qué es lo que lo hace cantar, qué es lo que le hace arrodillarse, qué es lo que hace que clame en la madrugada, qué es eso que lo deleita, porque la pregunta no es si se deleita o no, la pregunta es ¿en qué está su deleite? Porque está claro el contraste, el malvado también se deleita en hacer el mal. El malvado se ríe de su maldad.

El cristiano no se deleita en qué, por qué. El justo, el dichoso, el bienaventurado puede abstenerse y no hacer esas cosas que mencionamos del no, no, no, ¿Por qué puede hacer eso? En el versículo 2 del Salmo 1 dice: sino que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella. Deleitarse no es informarse, no deleita la información sino transforma. Tenemos paladares arruinados por el pecado. Mi hermana mayor tiene problemas de salud, bastante serios, tiene que cuidar su dieta, tener cambios drásticos de vida y se ha vuelto experta en sus propio tratamiento. Le dieron el diagnóstico y se puso a investigar y se puso a leer y fue con varios especialistas y ahora es especialista en yogurt casero. Tiene producción, le puede decir cómo se hace y cómo no se hace, qué hacer y qué no hacer, cómo mantenerlo, cómo conservarlo, etcétera. Es ácido, pero ella lo siente exquisito, como un manjar, porque está tan limitada a la dieta que ella come lo que puede comer y el paladar le ha cambiado, el deleite de ella es otro.

La Biblia no es yogurt ácido, es el verdadero postre, el mejor de la vida. Nosotros tenemos el paladar arruinado y ya no sabemos deleitarnos ni gozar la Palabra. Entones queremos otras cosas, pensamos que la Palabra no es suficiente, pensamos que leer la Biblia es algo con obligatoriedad porque somos cristianos y así nos dijeron en la célula. Y lo estamos masticando como cuando nos recetan alguna cosa con afrecho que no nos gusta, porque no se le siente sabor. El problema no está en la Palabra, el problema está en nuestro paladar, y lo que necesitamos hacer es orar para que Dios transforme lo que deseamos. Dios puede transformar nuestros apetitos.

La gente de Dios confía en Dios, no en sus fuerzas, no en su fuerza de voluntad. No estamos aquí para decirle únicamente enfoquémonos en el versículo 1: no haga, no haga, no haga, aquí se acabó, usted va a ser dichoso. El contraste es qué nos deleita. El paladar cambió, el pecado nos arruinó el paladar desde ese día en el que Eva paró, se sentó a platicar, nuestro paladar está arruinado, pero el Espíritu Santo de Dios nos puede devolver el gusto por la verdadera comida de oveja que necesitamos. Mientras el mundo entero arrugue la nariz diciendo que leer la Biblia es ridículo, que solo de eso hablamos, que por qué solo eso queremos escuchar. Mientras la gente en nuestro alrededor encoja la nariz diciendo que ese yogur es ácido, usted va a tener un paladar transformado por el paso verdadero de la Palabra, que caracteriza el hambre de una verdadera oveja.

Cuando algo es un deleite, no es trabajo, cuando algo se transforma en un deleite no es información, es transformación. Nosotros con nuestras fuerzas nunca podremos hacerlo. Si quiere transformación, quiere empezar porque sabe que tiene algunos hábitos y sabe que tiene pecados ocultos, sabe que está luchando contra cualquier cosa y encima quiere a Guatemala diferente, déjeme explicarle que venir el domingo está bien, pero jamás va a ser suficiente, nunca. Esto es simplemente una asamblea de los que todo el día, de día y de noche estamos pensando en la misma cosa, obsesionados por Cristo. Venimos y celebramos lo que hizo y lo que está haciendo para santificarnos todos los días. Venir acá a informarse, a sentarse, a querer darse atol con el dedo y decir que se siente bien venir a la iglesia, se siente excelente, no lo va a transformar, la trasformación ocurre en privado, en secreto, cuando usted busca al Señor en espíritu y en verdad, porque el Señor ha dicho: el que me busca de todo corazón, yo voy a estar con él. ¿Cómo se va negar a eso el Señor?, deléitese en el Señor y Él concederá las peticiones de su corazón.

En el boletín Mensaje de abril escribí un artículo que titulé “Deseo de cumpleaños”, porque nos fascina, para los cumpleaños, decir “que el Señor conceda las peticiones de tu corazón”. El problema es que si el deleite no es el Señor vamos a pedir todo tipo de cosa equivocada, pero si nuestro deleite, nuestra oración es Señor, yo te quiero a ti, quiero deleitarme en tu Palabra, quiero que seas tú mi número uno. ¿Cómo Dios no nos va a conceder eso?, por supuesto que sí. Cuando algo es un deleite no nos cuesta y eso es el primer amor, no un sacrificio, obediencia en privado, buscar al Señor. Que oportuno es leer Deuteronomio 17:18-20 en este día, en nuestro hermoso país, lea lo que Dios les pidió a los reyes de Israel: Cuando el rey tome posesión de su reino, ordenará que le hagan una copia del libro de la ley, que está al cuidado de los sacerdotes levitas. Esta copia la tendrá siempre a su alcance y la leerá todos los días de su vida. Así aprenderá a temer al Señor su Dios, cumplirá fielmente todas las palabras de esta ley y sus preceptos, no se creerá superior a sus hermanos ni se apartará de la ley en el más mínimo detalle, y junto con su descendencia reinará por mucho tiempo sobre Israel.

Qué pasaría si cuando realmente Dios nos da un liderazgo en una familia, porque usted se casa y se vuelve sacerdote de su casa, líder espiritual de su casa, toma esto como algo que es para usted y toma la Palabra como algo no negociable en su vida. El Salmo 119 es el más largo de toda la Biblia y está dedicado, precisamente, a la Biblia. El Salmo más largo es acerca de la Biblia, de la belleza de la Biblia, de la profundidad, de lo suficiente de la Biblia. No digamos que amamos al Señor si no escuchamos sus palabras, ¿quiere oír a Dios? Cantamos una canción pidiéndole al Señor que lo quiere escuchar, lea su Biblia en voz alta, ahí está. Si a usted le cuesta, si usted no sabe que es la voz de Dios abra su Biblia y entre más Biblia se meta a la cabeza le va a bajar al corazón, mire lo que sucede, en los momentos menos pensados, en los más oscuros y aún en los más felices lo que va a venir a su cabeza va a ser la Biblia, lo que va a venir a consolarlo va ser la Palabra, porque este libro no es como los demás, este libro está vivo, sus palabras son como un gusanito que se mete en la fruta, la transforma por dentro, aunque por fuera se mire igual a las demás, cuando usted parte eso está transformado. Claro que esto no es algo que arruine la fruta, la mejora, la transforma. El resultado de deleitarse en el Señor y en Su Palabra es que no costará dejar de hacer las cosas del versículo 1. No solo se deleita sino que medita.

Usted espera transformación, pero si está leyendo la Biblia como que es lista de supermercado, olvídese. Mastique la Biblia, un versículo mastíquelo, deje que la Biblia lo diagnostique, no es solamente de leerla, sino que la Biblia lo lea a usted. Por eso tenemos que hacer como dice la Palabra, agarrar todo el consejo de la Palabra. No solamente tenemos que ser cristianos de bufé, porque así parecemos, porque somos selectivos y leemos lo que queremos y nos conviene leer.

Cuando somos ovejas del prado del Señor oímos su voz, toda su voz, la vara y el cayado nos infunde aliento, pero también nos corrige. Cuando una oveja va por el lado que no es, Él utiliza eso para jalar a la oveja, para traerla de regreso al redil donde está segura. No podemos escoger que sí y que no. Meditar en la Palabra tiene como resultado que eventualmente lo que debemos hacer es lo que queremos hacer. Cuando meditamos la Palabra, dejar de abstenernos de eso que el dichoso no hace, imitar a eso no es un trabajo aparte. Lo que nosotros queremos hacer va ser lo que deseamos, lo que tenemos que hacer, vamos a poder decir como Jesucristo en el Getsemaní: hágase tu voluntad. Lo que Pablo decía eso que no quiero hacer, eso hago, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Meditar tiene como resultado que tenemos raíces, porque dice en el versículo 3 del Salmo 1, ¿qué pasa cuando un hombre es dichoso, no se junta ni cultiva la amistad de los blasfemos sino que se deleita en la ley y medita de día y de noche? Entonces se obtiene algo diferente, dice: Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!

Israel es un terreno árido, un terreno desértico, lo más inteligente para cultivar era irse cerca de donde hubiera agua y entonces se mantenía robusto. El árbol que está plantado junto a aguas no necesita un riego artificial, estar en el lugar donde tiene que estar, el lugar correcto, la raíz no tiene trabajo para encontrar el agua verdadera y crecer a lo alto, a lo ancho y dar fruto. El resultado de ese versículo 2 es fruto de vida. Meditar nos establece, nos da raíces, la gente que solo se dedica, a la luz de la Palabra que recibimos hace un par de semanas, a ser simplemente religiosa, no es gente del Evangelio de Cristo, es gente que sabe recitar los versículos, pero realmente no se mira una verdadera trasformación. La raíz es más útil cuando viene tempestad, cuando vienen pruebas, es cuando no queríamos que viniera. Lo que sostiene al árbol es la raíz y no hay raíz si no estamos plantados de verdad, meditando no solo diciéndolo como si fuéramos alumnos de primaria, con la diferencia que nos presentamos frente a la maestra para que nos aplauda.

Cuando permitimos que la Palabra haga incisiones profundas en nuestra alma, allí hay transformación. Dichoso el bienaventurado, es un roble, es una ceiba, es un árbol frondoso, precioso que no solo adorna, alimenta, da sombra y si es necesario da su madera para construir algo de utilidad. Lo que sigue, el contraste. El Salmo 1:4-6 nos dice: En cambio, los malvados son como paja arrastrada por el viento.La paja no tiene raíz, no tiene uso, no tiene peso y si lanza una paja al aire a saber a dónde va a parar. Por eso no se sostendrán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos. Porque el Señor cuida el camino de los justos, mas la senda de los malos lleva a la perdición. Eso lo expresa después que en el 1.3-6 nos dice que cuando nos deleitamos en la Palabra todo prospera, hay gente que ha experimentado la prosperidad en las cosas temporales de este lado del cielo. Hay gente que nos puede decir que empezó a hacer cambios drásticos en su vida, empezó a confiar en el Señor, empezó a meterse en las cosas del Señor, logró levantar una empresa y empezamos a ver restauración por aquí y por allá. Hay muchos testimonios así, pero quizá su historia sea diferente, yo quiero decirle que el premio del Señor no es para el exitoso, como el exitoso de las películas. El premio del Señor es para el fiel, para el que permanece, para el que se deleita, para el que medita y hace lo justo delante de Dios y de los hombres, por amor a su nombre. Esto quiere decir que nunca, nunca va a marchitarse y todo lo que hace prospera.

¿Cómo les podemos decir a los cristianos de Kenia o de Egipto o a los cristianos que hace dos días perdieron todo en Nepal, durante el terremoto? ¿Cómo funciona este pasaje para ellos? Si lo leemos a la luz de lo solo temporal, no funciona. La promesa de Dios dice que premiará conforme a sus riquezas en gloria al que llegue firme, leal, fiel a la meta, deleitándose en lo que tiene que deleitarse y manteniéndose con la fe en alto, con los ojos puestos sobre Él, sin importar los que permita que llegue o se vaya. Eso es que nunca vamos a marchitarnos. Lea esto, esta prosperidad es que nada de lo que Dios le da para usted en su vida, nada de lo que Él permite será en vano y lea Romanos 8 completo. Vea el premio de su fidelidad a Dios, es el futuro eterno, sin importar el presente. Por eso no se sostendrán los malvados en el juicio. ¿Cuál juicio? Aquí en los tribunales a veces se salen con la suya, bastante seguido, a veces aquí los billetes mandan y no la justicia, pero el juicio en el Tribunal Supremo del cielo nadie podrá burlarse del Señor, nadie. Él es Soberano, es Omnipotente, Omnipresente y sabe todas las cosas, y el malvado que confía en su astucia, en su corazón engañoso, en el consejo de otros malvados y no en la justicia de Cristo, no tiene un solo chance frente al juicio divino.

Ahora bien, para el dichoso, para el bienaventurado es otra la historia. Dios transforma la paja muerta en un roble sano y verde. Nadie nace roble, nadie nace cedro de Líbano, nadie nace ceiba, nadie nace hijo de honra. David dijo en el Salmo 51 pecador nací, me concibió mi madre en pecado. En mí no hay nada que yo pueda ofrecerle a Dios para ser justo. Yo no podría presentarme ante el juicio y ser llamada hija de honra, no funciona de esa manera, todo lo bueno que pueda hacer en mi vida sin Cristo y solo con buenas intenciones y esfuerzo humano y fuerza de voluntad, Isaías 64 le llama trapo de inmundicia, no llegamos a la altura. ¿Por qué yo anhelo la segunda venida de Cristo? ¿Por qué yo anhelo verlo cara a cara cuando Él me llame? Sea que regrese antes o que me mande a llamar antes, porque no tengo condenación. Romanos 8:1 no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Toda la Biblia no se trata de instrucciones, simplemente para que usted sea buena gente, se trata de la historia de redención, de la historia de amor del Padre que rescata la causa de sus niños, por honor a su nombre. El justo, el verdadero. Le voy a decir dónde está Jesús en el Salmo 1, Él es el justo, Él es el que permaneció como roble en el Getsemaní cuando quería, en su naturaleza humana, decirle al Señor, sabes qué, evitemos este asunto, hay otra manera. Lo que lo mantuvo con su raíz, en su lugar, para cumplir toda la Escritura, porque Él es el verbo que se hizo carne y nació para cumplir toda la Escritura. No para desecharla sino para cumplirla.

Si Jesús no hubiera tenido una vida de deleitarse y meditar en la Palabra no hubiera respondido a todo lo que estaba en la Escritura, con la Palabra, citaba a Isaías, citaba los salmos, todo lo que era de la ley. Si Jesús no hubiera tenido una vida de deleitarse y meditar en lo que su Papá decía, no hubiera terminado la carrera como la terminó y gloria a Él porque la terminó. Si hubiéramos tenido alguien sin raíz no estuviéramos aquí, pero es el máximo árbol plantado junto a las aguas del Espíritu de su Padre, que no se marchitan sus hojas, obra que hizo empezó y terminó y que su fruto — que somos nosotros — no se va a marchitar, por amor y por poder de Él, de Su Espíritu, Él llama, justifica, rescata, transforma, confronta, santifica. El que empieza y el que termina. Todo fue hecho por Él y para Él.

 

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